viernes 6 de octubre de 2006
El refugio en Talon-talon
Érase una vez un refugio en Talon-talon, cerca de Zamboanga City, donde los niños crecían ajenos al mundo exterior. En este refugio los niños no conocían el mar, ni la brisa que acaricia la hierba, pero tampoco tenían que enfrentarse a los agobios del tráfico o al estrés de la vida escolar y extra-escolar. A ese pequeño refugio llegó John Gabriel en mayo de 2005, con su carita asustada y sus atentos ojos, que querían conocerlo todo en una sola mirada.

Tenemos muy pocos detalles de su vida en el refugio, pero podríamos pensar que su vida transcurre tranquila entre las sonrisas de las jóvenes cuidadoras de Talon-talon y los juegos de sus compañeros. Antonio, al ver la foto de su nuevo primo, con la inocencia de sus tres añitos, le preguntó a su madre donde era ese lugar donde se encontraba Joan Biel, que le mostrara más detalles de la foto, que él quería ver el resto del póster de Winnie Pooh…igual que nuestro sobrino, nosotros también tenemos una imagen bucólica del refugio, que nos fuimos construyendo alrededor de esa única foto. ¿Quién me tenía que decir a mi, que me acabaría cayendo simpático el mencionado personaje de Disney?¿Que no solo aceptaría que mi madre le comprara un jersey con el osito, sino que yo misma andaría todo el verano mirando los pósters planteándome poner uno en la habitación que le estamos arreglando?

A finales del mes de julio una familia italiana que había viajado a Talon-talon en diciembre del 2005, nos envió un CD con fotos de su viaje y así pudimos concretar la idea que nos habíamos hecho del lugar donde vive nuestro hijo. No negaré que las fotos me impactaron y supongo que es obvio que me ha costado escribir sobre el tema, pero de ninguna manera destruyeron la imagen bucólica que me había hecho de Talon-talon, hasta a lo mejor la hicieron aún más tierna: las sonrisas de las chicas, los juegos de los niños, la pulcritud del lugar….toda esta ternura contrastaba chocantemente con los alrededores, las calles sin asfaltar, las cabañas donde vivía la gente prácticamente a la merced del lodo que circulaba por las calles….no es la primera vez que veía un barrio de chabolas, pero, creo que afortunadamente, la costumbre no me ha hecho inmune a esas imágenes. Además, en este caso se trata de un lugar que yo ya siento un poco parte de mi historia, puesto que forma parte de la historia de mi hijo, de mi familia.

Nosotros estamos habituados a viajar a México, donde también hay mayores diferencias sociales que en España y ya sabíamos lo que podíamos esperar al viajar a Filipinas, por los datos que habíamos leído sobre algunos índices (mortalidad infantil, renta per cápita…) en un informe de Intermón-Oxfam. Si bien esas imágenes no me sorprendieron, si que me trajeron una vez más los sentimientos de rabia e impotencia. Recuerdo el mail de Mónica cuando volvió con Mac (el que si recibimos, el que no se perdió en la inmensidad de los bits, el otro quedó para su intimidad), y lo he tenido siempre presente. Lo reviví al ver esas imágenes y otra vez el otro día en la comida de Girona. Este mundo no es justo, la felicidad de unos se cimienta en la miseria de los otros. Es más, iremos a buscar a nuestro hijo, a arrancarle de la tierra que le ha visto nacer, no aprenderá a sonreír de esa manera tan especial en que sonrien los filipinos y lo traeremos aquí con la pretensión de hacerle feliz con nuestras costumbres, con nuestra manera de vivir, con nuestra manera de sonreír.

Cuando conocimos las fotos del refugio donde han cuidado a nuestro hijo, no sabíamos si íbamos a viajar hasta allí. La semana pasada supimos que llevarán a John Gabriel a Manila, dos días antes de que nosotros lleguemos y que el encuentro tendrá lugar en las oficinas del ICAB (por lo que sé, otro refugio en mitad de la pobreza). Yo quisiera haber podido agradecer personalmente a todas las cuidadoras de Talon-talon, cada una de sus sonrisas, y con mi ingenua pretensión de persona educada en el primer mundo, pensaba que podría llevarles un montón de cosas que les harían la vida más fácil. Bien pensado, quizás es mejor así porqué ¿Qué sé yo de las necesidades de un pequeño refugio en Talon-talon?

Cuando yo era pequeña también tenía mi refugio, apuesto a que todos tenemos o hemos tenido el nuestro. Era una cabaña de tela y palos de madera que simulaba ser la casita de los 7 enanitos (otra vez Walt Disney como referencia), que nos trajeron los reyes a mi hermano y a mi. Nos encantaba montarla y a mi particularmente, que nos dejaran hacer vida dentro, tomar la merienda, jugar con las muñecas…¡se estaba tan bien en esa mini-casita!. El mundo exterior era demasiado grande, en la cocina parecían flotar en el aire las preocupaciones de los adultos, en el salón la tele siempre soltaba alguna grave e incomprensible noticia, pero en la casita todo transcurría serenamente, sin preocupaciones.

Yo quisiera construirle un refugio a John Gabriel que lo protegiera de este mundo nuestro tan enorme en injusticias y tan escaso de explicaciones, donde unos mueren de hambre mientras los otros nos preocupamos hasta la angustia si no nos funciona el coche, el PC o la Palm. Donde algunos niños carecen de medicamentos que los sanen y otros son obligados a empuñar un fusil. Donde puedes morir mientras trabajas, por el capricho de un terrorista o el del general de un ejército de un país de solvente democracia. Me gustaría protegerle, ahorrarle todos los horrores posibles y ¡me ha costado tanto aceptar que no está en mis manos guiar el destino de su vida!. Por suerte, la semana pasada, llena de emociones, conocí a la princesa Joralyn, y su sonrisa me conquistó hasta el extremo de serenar mi angustia.

Otra vez volvemos a estar como aquella noche calurosa de julio, cuando todavía no sabíamos su nombre, solo cuanto le queríamos, solo que ahora sabemos su nombre y sabemos que le queremos cada día que pasa mucho más. Sueño cada noche con él, que aprendemos a sonreír juntos, que sereno su asustada mirada, que despeino sus cabellos y se mueven libres, libres para bien, aunque también para mal. No hay otro refugio para John Gabriel en este lado del mundo, que no sea el abrazo de sus padres. Espero sinceramente que juntos aprendamos a mantener siempre una mirada sensible a los horrores ajenos.

Tampoco hay otro refugio para mi que el abrazo de mi hijo, que volverá a fundir todos los nuevos miedos que he aprendido este verano, después de que su foto diluyera los que había tenido antes. Miedo a no saber como tratarle, a no saber protegerle o a protegerle demasiado, a no sonreírle cuando lo necesita o a no saber explicarle porqué fuimos a buscarle a una tierra tan lejana, a no ayudarle a entender que nació allí, pero que también nació un poco aquí, igual que creo que nosotros nacimos un poco allí, el día que vimos las fotos de Talon-talon.

He tardado un tiempo en escribir este tercer capítulo de la historia de nuestra familia, en parte porqué los pensamientos que quería expresar eran bastante más profundos, y costaba más transcribirlos, y en parte porqué me veo un poco apesadumbrada cada vez que alguien (sea de la familia o sea de la lista) me cuenta como llora cuando lee los capítulos anteriores. Escribir es una manera de liberar mis miedos, como también lo son las lágrimas….espero que no esté consiguiendo agrandar el océano que nos separa de los exóticos mares de Sulu y Célebes!

El próximo viernes 29 de septiembre, se celebra San Gabriel y se cumplen tres meses exactos desde que ese 29 de junio, en una reunión del ICAB, se decidió (¿con la intervención del arcángel?) la asignación de John Gabriel.

Mireia

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Redacción Tulay a las 9:17 AM | Permalink |


1 Comments:


At 12:07 PM, Anonymous Anónimo

Mireia...Joan Biel NO PERDERA SU SONRISA FILIPINA....es mas....la transmitira a sus hijos y a los hijos de sus hijos.