jueves 28 de diciembre de 2006
Epílogo: el águila y el arcángel
Es una fría noche de invierno, y Biel se despierta chillando y sudoroso, siente unos terribles pinchazos en el pie y cuando consigue abrir los ojos, ve con horror como una enorme águila le está agarrando el tobillo con su pico en forma de gancho. El pequeño, atemorizado, chilla todavía más fuerte, pero nadie viene a ayudarle. Mira a su alrededor, pero no sabe donde se encuentra. Reconoce la cuna y las sábanas en las que ha dormido los últimos dos meses, pero no está en su habitación, sino en medio de la nada. Debe ser por eso que sus papás, esos señores a los que conoció un día, que ahora le parece muy lejano, y a los que encontró, en ese momento, demasiado altos y un poco extraños, no oyen sus gritos. Es como si el águila le hubiera arrastrado a él y a su cuna a un lugar oscuro y remoto que él desconoce. Afortunadamente, al cabo de unos minutos el gran pájaro parece cansarse de tirar de él y se aleja dejándole tranquilo. Biel sigue llorando y chillando, su pie le duele todavía más y tirita de miedo al pensar que el águila puede volver. Siente frío, se acurruca y, cansado de tanto llorar y gritar, se queda dormido.

Cuando vuelve a abrir los ojos, no sabe cuando tiempo ha pasado, pero reconoce su cuna, su habitación, su nueva casa. De repente, oye un suave aleteo y nota como unas plumas le acarician los deditos del pie, que sobresalen de la escayola que le cubre toda la pierna. Atemorizado al pensar que el águila ha vuelto, se incorpora y empieza a llorar cuando ve a los pies de su camita una figura con cara de niño y alas blancas.

- No temas, Biel,- le dice el niño con alas- me llamo Gabriel, como tú, y estoy aquí para protegerte.

- ¿El águila se fue?- pregunta todavía asustado el muñeco de Zamboanga.

- De hecho, el águila nunca estuvo aquí, fueron tus temores que hicieron que tú lo vieses.

- Pero me agarró y yo sentí el dolor.

- Todos sentimos dolor Biel. Para ti, el sufrimiento siempre tendrá cuerpo de águila, pero ahora el dolor pasó.

- Entonces, ¿estaba soñando?

- Bueno si, podrías llamarle sueño.

- Pues he soñado con ella a menudo últimamente, solo que a veces tiene cabeza de pájaro y otras veces el pájaro tiene cabeza humana, con la cara del Dr. Nuguid o de algún otro médico, a veces estoy en casa o a veces en una cama blanca, pero siempre, siempre, quiere agarrarme, o pincharme o…

- ¿Lo ves? Siempre que sientes miedo, angustia o dolor, aparece tu águila y tú chillas, ¿verdad?
- Sí, lloro tan fuerte como puedo porqué me da miedo que no me oigan y deseo que vengan a ayudarme el enfermero Michael o….

- ¿O?

- Bueno es que, recuerdo la cara de un abuelito con ojitos rasgados que me ayudó una vez, pero no recuerdo quien es, y recuerdo la cara de Annabelle, y también hay otra cara femenina, una joven preciosa, pero poco a poco se me van borrando, y se mezclan otros rostros del pasado con rostros del presente y yo quisiera que todos ellos me salvaran, me cuidaran, me abrazaran…pero no viene nadie y el águila me continua arañando, estirando…

- Pero Biel- le responde el niño con alas- ¿cómo puedes decir eso?, tú siempre has tenido alguien a tu lado para cuidarte, y, además, ya va siendo hora que aprendas a defenderte solito de tus temores.

- ¡Pues yo no quiero dormir más, porqué me da miedo que el águila me ataque otra vez!

- ¡Ja, ja, ja! ¡Pero eso es imposible, estando yo aquí contigo!

- ¿Tú? Pero si solo eres un niño, como yo…. ¿Quién eres tú, para poderme proteger?

- Ya te lo dije, pequeño, yo soy Gabriel y los que te han querido, los que te quieren y los que te querrán, me han rogado que te proteja.

- ¿Cómo si fueras mi ángel de la guarda?

- Podría verse así…

- Pero si …¡los ángeles no existen!

- Ni tampoco las águilas gigantes vuelan dentro de las casas, ni tienen cabeza de doctor, ni tu sabes hablar…en fin, puedes cerrar los ojos tranquilo, yo velaré por ti y cualquier cosa que temas, me lo cuentas y yo te ayudaré a enfrentarte a tus miedos.

- A veces me da miedo que mis papás dejen de quererme y que no vengan cuando lloro…

- Como ¿tu dejarías de quererles?

- No, yo quiero abrazarles siempre.

- Pues claro y ellos también, ¿no es así?

- Ya y….

- ¿Y?

- Y ¿Todos los otros rostros que tengo en la memoria, los que se quedaron atrás cuando me subí al avión?

- Guárdalos en tu corazón, ellos también te querrán siempre.

- ¿Aunque no me vean, ni me abracen nunca?

- Si, Biel, se puede querer sin ver o tocar.

- Y mis papás ¿no se enfadarán si se enteran?

- Si se enteran ¿de qué?

- De que guardo en mi corazón los recuerdos, para quererles aunque no les vea ni pueda abrazarles.

- Creo que ya lo saben y que ellos tampoco quieren que olvides.

- ¿Tienes respuesta para todo?

- ¡Y tu muchas preguntas! Eres muy afortunado, siempre has tenido a alguien a tu lado para salvarte de tu águila. Cierra los ojos y duerme tranquilo.

- Pero, ¡quiero saber más cosas! Ahora todo es nuevo para mí…

- Sí, tienes mucho que aprender, sobre ti, sobre tus miedos, sobre tu nuevo entorno, pero tendrás tiempo de sobra, te lo prometo. Ahora debes descansar, para poder tener fuerzas y aprenderlo todo.

- Y si me duermo, ¿Tú te irás?

- Prometo volver cuando me necesites.

- Y cuando despierte ¿Ya no llevaré la escayola en la pierna?

- Bueno, faltan unos días para eso, pero ya sabes que es por tu bien, se trata de curar una antigua herida y eso lleva un tiempo, y ahora ¡a dormir!

- Tengo una última pregunta, antes de que te vayas.

- ¡Buf!, está bien, ¿Qué más quieres saber?

- ¿Qué es la Navidad?

- En Navidad se celebra el nacimiento de un niño, que se llamaba Jesús.

- Y ¿Por qué tengo que celebrar el cumpleaños de alguien al que no conozco?

- Porqué, en cierto modo, ese niño se parece a ti o, mejor dicho, tu historia se parece a la del niño Jesús- el niño con alas continua hablando en susurros, cuando ve que el pequeño empieza a frotarse los ojos y a bostezar- En una fría noche de invierno, y pese a las dificultades, tienes alguien a tu lado que vela por ti, que te da calor con su aliento y que hace todo lo posible para que no sufras. Esto es la Navidad para ti, pequeño muñeco: poder cerrar los ojos y dormir tranquilo sabiendo que los que te quieren se preocupan de todo lo demás…

El arcángel no sabe si su niño ha llegado a oír las últimas palabras, puesto que cuando termina de hablar, el pequeño Biel está dormido, con una dulce sonrisa en su preciosa carita de muñeco. Esta vez sueña de verdad. Sueña con el mar, y el vaivén de las olas mece su cuna. Sueña con el exótico mar de Sulú que jamás ha visto, pese a haber vivido tan cerca de sus aguas los primeros meses de su vida. Sueña con el mar Mediterráneo, que conoció una soleada y luminosa tarde de otoño, y que le pareció infinitamente sereno….y esa serenidad le invade por completo como un inmenso abrazo en el que se funden todos los abrazos de los rostros que se mezclan en sus sueños, y por fin nuestro muñeco duerme profundamente.

¡¡¡¡¡¡¡FELICES SUEÑOS Y FELIZ NAVIDAD A TOD@S!!!!!!

Mireia Condom (25/12/2006)

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Redacción Tulay a las 11:34 AM | Permalink |


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