martes, 23 de enero de 2007
Mi visita al Orfanato Estatal (RSSC) de Cebú


En este centro sólo hay bebés, no tienen ni medios, ni estructura para tener niños mayores. Cuando el niño cumple 1 año de edad, se les da a las voluntarias del Centro para que los cuiden hasta finalizar el proceso de adopción. Desconozco que pasa con los que nunca serán adoptados.




En el orfanato, en la zona que se puede ver en las fotografías, hay unos 20 niños en cunas, ninguno mayor de 8 meses, y los van sacando un ratito a cada uno. La mayoría parecían, aunque parezca duro, animales enjaulados, se movían de un lado a otro continuamente. No tienen espacio para gatear, ni moverse, y parecen estar acostumbrados a esa vida. El personal es magnífico, pero son 2 personas para 20 niños, más el personal de una especie de clínica que no se suelen visitar. Entre darles el biberón y cambiarles los trapitos atados que llevan de pañal, se pasan los días, y los niños no se pueden ejercitar, ni motivar , ni acunar, ni besar, pero el ratito que salen a la alfombra es para ellos el cielo y observan como si el mundo que ven, fuera un paraíso.




Estuve horas esperando a que la mamá de acogida trajera a Maria Kharey, supongo que tuvo que ser muy duro, así que me dediqué a jugar con los peques uno a uno. Uno de los cuidadores me los acercaba al cristal y yo les hablaba, cantaba, le hacía palmas, ellos sonreían y sonreían.

Después el cuidador optó por sacar a los otros, los que no se ven, a los que nadie sonríe a los que nadie habla. Entre ellos había niños con parálisis cerebral, retrasos, etc. Había un pequeño que no tenia brazos ni piernas, y sus ojos, aunque me miraban con atención, no sonreían. No dejo de pensar que en España tal vez tendría la oportunidad de ponerse unas prótesis.




¿Alguien en Tulay sabría que se hace en esos casos? ¿Cómo podría vivir? ¿Tendría alguna movilidad?

Si pasamos por el mundo sin mirar a nuestro alrededor, creo que no nos merecemos ni siquiera el aire que respiramos y yo me dejé allí mucho de mi respiración, de mis alientos y mis lloros.

¿Qué será de ese niño?


Elia

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Enrique Campoamor a las 9:18 a. m. | Permalink |


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