miércoles, 10 de noviembre de 2010
La sobreexplotación amenaza uno de los principales puertos atuneros de Asia



La sobreexplotación amenaza con arruinar uno de los principales puertos atuneros de Asia, al sur de Filipinas, donde cada día son descargados cientos de toneladas de este pescado para su consumo en todos los rincones del planeta.

Unas 300.000 personas viven directa o indirectamente del negocio, alrededor de la mitad de la población de General Santos, una ciudad situada en una empobrecida región de la convulsa isla de Mindanao.

Hace años que las capturas escasean en las aguas más cercanas a la costa, los barcos tiene que navegar cada vez más lejos y las seis plantas de procesado de pescado que enlatan y congelan atún para medio mundo se ven obligadas a importar más del 80 por cien de su materia prima.

"De seguir así, en cinco años sólo quedarán dos o tres plantas, y operarán con la capacidad reducida", vaticina John Heitz, un exportador estadounidense afincado desde hace más de una década en General Santos.

Cada amanecer, Heitz acude al puerto y no pierde detalle del género a la venta mientras negocia precios, reparte comentarios jocosos a diestro y siniestro en el dialecto local y se lamenta con amargura cuando ve que han capturado alevines.

"A veces pienso que es más bonito que una mujer", bromea mientras palpa un atún de aleta amarilla de unos 70 kilos, capturado "hace apenas dos días", deduce tras un rápido vistazo al brillo de los ojos y la tersura de la piel.

Frente a él, en la dársena en que descargan las frágiles embarcaciones que pescan con anzuelo, de apenas cuatro o cinco tripulantes, se repite el trasiego de cada jornada, con negociaciones a gritos entre compradores y vendedores.

Los estibadores se meten en el agua, en una zona poco profunda, y esperan a que les lancen por la borda formidables atunes de hasta 80 kilos, que cargan al hombro y depositan sobre un carro de madera.

"Los barcos pequeños ofrecen el pescado más fresco porque no van muy lejos, es el método más sostenible, algunos grandes de pesca de cerco se pasan 20 días en alta mar, hasta que capturan unas 3.000 toneladas, con menos no les sale a cuenta", explica Heitz, de 57 años.

En apenas una hora, los exportadores más importantes se han repartido los ejemplares de mayor calidad, por los que pagan unos 300 pesos (5 euros) por kilo, antes de enviarlos a Estados Unidos o Japón.

Casi todos son de aleta amarilla, los de aleta azul, por los que los japoneses pagan fortunas, se han convertido en una especie casi extinguida en estas aguas del Pacífico.

Los pescadores más viejos rememoran con nostalgia los tiempos en que el atún era un alimento poco apreciado en la zona debido a su abundancia, hasta que se instalaron las primeras plantas de procesado en los años 70 y los 80.

"Hace 40 años apenas teníamos que navegar cinco horas para encontrar pescado, y hoy tienen que irse a más de tres días de distancia", se lamenta Darío Laoron, presidente de la Alianza de Pescadores de Anzuelo de Filipinas.

Para Heitz esto es consecuencia de la sobreexplotación y especialmente de la acción de los barcos de cerco, que extienden redes kilométricas cuando detectan un banco de peces y arramblan con todo tipo de especies marinas.

El año pasado, las exportaciones cayeron un 20 por ciento, un signo para algunos entendidos de que el recurso escasea, mientras que la mayoría del sector lo atribuye a la prohibición de pescar en aguas internacionales de una amplia zona del Pacífico para los grandes barcos de cerco en 2010 y 2011.

Para salvar la industria, Heitz pide que se proteja a los pescadores de anzuelo y que se declaren zonas de veda permanente para dar un respiro a la especie.

"De lo contrario -se lamenta-, el atún puede desaparecer totalmente de nuestras costas en menos de 15 años".



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Enrique Campoamor a las 10:52 a. m. | Permalink |


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