lunes, 21 de enero de 2008
Alerta contra los "niños souvenir"



La adopción de niños se ha convertido en un fenómeno social en la última década. Ha supuesto una manera de combatir los riesgos que afectaban a estos menores, pero ha implicado un cambio tan veloz en la sociedad (hace 30 años la adopción era una vergüenza) que ha dado lugar también a una visión frívola, en la que los pequeños son como un souvenir. Lo dijo ayer la jefa de Adopciones de la Generalitat de Valencia

La jefa del servicio de Adopciones de la Generalitat realizó una cura de realismo sobre este fenómeno en auge (4.271 niños han sido adoptados en la Comunitat Valenciana entre 1997 y 2006, de los que 3.255 procedían de fuera de España).

Trinidad Crespo advirtió de que existe «una visión muy idealista», por desconocimiento, de esta realidad, que tiene como consecuencias «la superficialidad, la frivolización y el efecto moda». Ejemplo: unos padres que llegan a la Conselleria de Bienestar Social y dicen que quieren una niña china porque sus amigos tienen una muy mona. Es como si fueran a ser «padres de un souvenir», dijo la alta funcionaria.

Y la consecuencia más grave, continuó, es que puede llevar a una nueva desprotección del niño, a un segundo abandono. Crespo se preguntó cuántos de los más de 4.000 menores adoptados pueden quedar desprotegidos en el futuro. Por ahora, no existe una tasa oficial de fracaso, porque no se dispone de toda la información necesaria para calcularla, afirmó.

La jefa de Adopciones, que participó hace unos meses en la jornada inaugural del curso Menores y situaciones de riesgo. Desamparo, violencia y adicciones, que se celebra en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), señaló que hay una falta de experiencia social sobre esta nueva forma de paternidad, que es hoy totalmente distinta a hace 30 años. Entonces, la adopción era secreta y se veía como «una vergüenza»; ahora, «se exhibe llegando a veces a límites de imprudencia». «¿Hemos interiorizado todos en 15 años lo que ha sido distinto durante siglos », reflexionó.

Crespo censuró asimismo que se confunda adopción con solidaridad. «A los padres les sienta fatal -comentó-, porque ellos han conseguido lo que querían»: tener un hijo. La solidaridad, apostilló, es el acogimiento, «donde hay un desprendimiento mucho mayor», ya que se ayuda temporalmente a un pequeño. Al niño adoptado, sentenció, «no se le ha hecho ningún regalo», porque «tiene lo que le toca, sus derechos». Lo irregular era su vida anterior.

En esta línea, la especialista dejó claro que «es una calamidad que haya muchos niños a adoptar» y consideró fundamental profundizar en la cooperación al desarrollo para que los menores permanezcan en sus países de origen.

Previno además de que tramitar más adopciones no es indicador de éxito. Más bien al contrario, «puede indicar que algún derecho de los pequeños se queda en el camino». Sacó a relucir así el caso de Guatemala, que ha llegado a tener en años anteriores tantos expedientes como Rusia, pese a ser un país diminuto en comparación. Al final, se ha descubierto que en la nación centroamericana había «captadores» de niños en las calles y «granjas» para mujeres embarazadas.

Trinidad Crespo llamó, no obstante, a respetar a los países de origen, porque son soberanos y tienen derechos legales, aunque no gusten sus decisiones. Está el caso de Nepal, que cerró las adopciones. «Algunos padres nos dicen por qué no vamos allí y les obligamos. Y no podemos invadir», afirmó en sentido figurado.

¿Y los padres biológicos Son los «grandes olvidados», dijo, pero también tienen derechos: a ser informados de lo que significa su decisión, a no ser presionados. «No debería haber adopción por pobreza», proclamó la responsable del servicio autonómico de adopciones, quien dijo que en España este no es hoy factor de separación, pero «en la adopción internacional sí que lleva a separar niños de padres que les quieren, y eso es muy grave».

Alfons Garcia
Levante-emv.com



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Enrique Campoamor a las 10:32 a. m. | Permalink |


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