domingo, 28 de enero de 2007
De adoptantes a padres

Foto de Santiago Carreguí


El 20% de las familias españolas con adopciones internacionales tiene problemas de convivencia y el 1,5% de las experiencias se trunca.


Cuando el niño adoptado en el extranjero desciende del avión, todo está por escribir entre él y su nueva familia. La adopción no finaliza ahí. Justamente empieza. "Pero el contador del niño no se pone a cero", advierte el catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla Jesús Palacios, que es autor de varios estudios sobre la adaptación de los menores a su nuevo hogar. "La mayoría de los padres sueña con una nueva vida para sus hijos que borre sus anteriores carencias", continúa Palacios. Pero lo cierto es que el niño no nace de nuevo. Al integrarse en su nueva familia comienza la aventura de crear vínculos, lo que los psicólogos llaman apego. El niño adopta a su familia y los padres aprenden a aceptarlo: "Tú eres mi niño"; "Vosotros sois mis padres". Es lo habitual. Sin embargo, en torno a un 1,5% de estas adopciones se trunca. El porcentaje parece pequeño, las consecuencias no lo son.

"Equivale a la nada desdeñable cifra de 443 niños, si partimos de la cifra total de los prohijados entre 1997 y 2005, el periodo álgido de la adopción internacional en España", puntualiza Ana Berástegui, psicóloga del Instituto Universitario de la familia (Universidad Pontificia de Comillas) y directora de las Jornadas sobre Los retos de la posadopción celebradas recientemente en Madrid, en colaboración con la Secretaría de Estado de Servicios Sociales, Familias y Discapacidad.

Las tasas de fracaso en España son menores que en otros países (en torno al 7%) con más tradición adoptiva, pero Berástegui estima que aumentarán en los próximos años, cuando haya una mayor perspectiva y los pequeños venidos en la última década crucen la adolescencia. "Y no nos lo podemos permitir. Por el niño, desde luego, ya que un nuevo abandono rompe su evolución. Y también porque el sistema español tiene que asumir el reingreso de estos niños en sus instituciones", añade.

Las adopciones rotas no deshacen el vínculo legal, pero la convivencia se quiebra y la tutela del niño pasa al Estado. Lo mismo que sucede si la ruptura se da entre padres e hijos biológicos menores. En cualquier caso, el porcentaje de padres que abandona a sus hijos biológicos es más elevado que el de los adoptivos.

Berástegui completó los bajos índices de fracaso con datos que añaden nuevas sombras: por un lado lo que denomina "pseudorupturas", difíciles de cuantificar y definir, ya que se enmascaran en largas separaciones familiares, bien sea a través de estancias de septiembre a junio del menor en un colegio por motivos de estudio o incluso en centros de internamiento por problemas de conducta. Y por otro lado, las adopciones "no constituidas", un porcentaje que varía entre el 2,4% y el 4,3 %, lo que significa que padres o hijos no se sienten vinculados emocionalmente o se muestran insatisfechos, a pesar de vivir en el mismo domicilio.

Un porcentaje más alto, superior al 15%, no cuestiona el vínculo pero lo vive en una atmósfera continua de dificultad. En conjunto, Ana Berástegui considera que si se suman estos porcentajes se desprende que en torno a un 20% de los padres e hijos adoptivos experimentan dificultades para vivir en familia. El apoyo psicológico, sea privado o a través de los servicios de posadopción de las respectivas comunidades ayuda a recomponer sueños y afectos entre estas piezas familiares sueltas. El Instituto Madrileño del Menor y la Familia ha establecido un acuerdo con el centro Adoptantis para que los padres adoptivos que precisen estrategias reciban orientación. La consulta es gratuita y si las familias precisan terapia, la administración la financia parcialmente.

Los expertos han identificado ciertos factores de riesgo, pero eso no significa que a mayor dificultad se den peores resultados. Berástegui recordó cómo una chica originaria de Etiopía y con serias discapacidades visuales que fue adoptada por una madre sola había llegado a estudiar Magisterio. "Las dificultades de partida no importan, pero sí que éstas se mantengan", sostiene.

Procedentes en buena parte de orfanatos, el 40% de los pequeños arrastra algún retraso evolutivo respecto a su edad. Después de haber analizado a 300 niños procedentes de seis países (China, India, Rusia, Rumanía, Colombia y Guatemala) y residentes ahora en varias comunidades autónomas, Jesús Palacios revela que todos mejoraron al vivir en familia. Fue un salto de titanes para la mayoría de estos niños que cambiaron en pocas horas de país, de sonidos y paisajes. "En dos años recobran el peso por completo y prácticamente la talla que les corresponde. El perímetro encefálico se recupera bastante (en el caso en que fuera inferior a la media) y el desarrollo psicólógico evoluciona de forma positiva, pero de un modo más lento, y no en la misma medida en que los primeros parámetros", explica. Aunque ese progreso resulta revolucionario en muchos niños, debe medirse siempre con el punto de partida y con el nivel de desarrollo del pequeño a su llegada.

"La evolución es más favorable si el menor fue adoptado a edad temprana y si vivió en familia algún tiempo y no sólo en un orfanato", agrega. De cualquier modo, los tres años posteriores a la adopción son decisivos para la evolución del niño", advierte.


¿Y después, qué?

Las familias adoptantes se vuelcan en el proceso de adaptación, pero muchas confiesan que no reciben suficiente formación para afrontar los primeros pasos de la convivencia, los más delicados. "¿Y después, qué?", es una pregunta común. Por otra parte, los maestros y la escuela no están preparados para integrar a unos niños que aprenden pronto el idioma coloquial, pero que se sienten en desnivel en las aulas con los chicos de su edad.

"Nos informan sobre el proceso de adopción, pero no nos preparan para la posadopción", sostuvo una representante de la Coordinadora de Padres Adoptantes (Cora) durante las jornadas celebradas en Madrid. Es una sensación compartida por otras familias. A la soledad de las familias durante el proceso de adopción se une a menudo la sensación de orfandad durante la adaptación. En parte porque a muchos padres les cuesta entender que el amor, necesario, no hace milagros. En parte porque algunos niños vienen con una mochila repleta de piedras.

El experto holandés Hein Paul Siebinga, representante de WAN (Foundation Adoption Aftercare) explicó en las jornadas celebradas en Madrid cómo construir vínculos para pasar de adoptantes a padres. A través de un video, mostró el proceso de apego de un matrimonio holandés y su bebé china recién llegada a casa. El experto invitó a las familias ayudó los factores de riesgo y las recomendó que exijan más información a las agencias mediadoras. El catedrático Jesús Palacios trabaja, por encargo de Asuntos Sociales, en la revisión y unificación de criterios para valorar a las familias antes de darles el certificado de idoneidad. También estudiarán las otras dos fases del proceso: la asignación del niño y la postadopción.

I. De La Fuente
El País, 26/01/2007

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Enrique Campoamor a las 7:15 p. m. | Permalink |


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