miércoles, 18 de julio de 2007
La generación española de niñas chinas




El «boom» de las adopciones ha dado a luz a 15.000 menores chinas entre dos y doce años. España se encuentra a la cabeza de Europa en procesos internacionales, que han supuesto la llegada de 30.000 pequeños en diez años


Chinas pero españolas. Tienen entre dos y doce años, son hijas del «boom» de las adopciones internacionales y constituyen una nueva generación que crece a pasos agigantados en nuestra sociedad. Desde 1995, España se ha convertido en el primer país europeo y el segundo a nivel mundial, detrás de EE UU, con más de 30.000 menores adoptados por vía internacional en poco más de diez años. Más de la mitad de estos niños provienen de China y son mayoritariamente niñas debido a la política del único hijo. Su destino se forjará dentro de nuestra cultura, valores y tradiciones, pero este proceso no siempre se lleva a buen término.

La adopción internacional no finaliza cuando el menor es entregado. La aparente luna de miel inicial puede convertirse, debido a las características propias de estos menores, en una inadaptación mutua. «La integración y adaptación de los padres adoptantes y las niñas no es tan idílica como parece, no sólo en la familia, sino también en la escuela y la sociedad», asegura el sociólogo y politólogo Manuel Baelo Álvarez, quien está realizando varios estudios sobre la realidad sociológica de las adopciones internacionales. De hecho, existe un porcentaje notable de adopciones truncadas: «Son menores que llegan con la mochila cargada de recuerdos y situaciones traumáticas, lo que puede dar lugar a problemas de adaptación en sus nuevas familias.

Apoyo para padres

Hay casos en los que los padres adoptantes eluden su responsabilidad al no poder asumir las dificultades surgidas en el proceso de integración quedando los menores bajo la tutela de la administración pública». Sólo en Madrid, el dos por ciento de los padres desisten de la tutela de sus hijos adoptados. Una situación que genera un «doble abandono» para el menor. En el pasado, la adopción se mantenía oculta, algo que ha cambiado: «Frente a la estigmatización social de antes, donde era una práctica usual poner apellidos como Expósito o De la Cruz a los niños adoptados en España, ahora se han convertido en un símbolo de prestigio social, de estatus económico y se presume del menor adoptado».

Aunque las familias españolas ponen todo su empeño en ofrecer a las menores chinas un hogar en el que nada falte, no siempre resulta fácil ya que estas niñas, según aseguran los pediatras, llegan a nuestro país con un historial médico que requiere mucha atención. Juan José Morell, pediatra del centro de Salud de Barcarrota (Badajoz) y autor del informe «Atención a la salud de niños adoptados procedentes de China», sostiene que «los problemas de salud en estos menores son significativamente mayores».

La malnutrición y retraso del crecimiento, la anemia y raquitismo, la intoxicación por plomo, la tuberculosis, la hepatitis B, las malformaciones congénitas o los trastornos sensoriales son «problemas comunes». Sin embargo, señala el pediatra, es evidente que las condiciones sanitarias de los chinos «han mejorado mucho»: la política de fomento de adopciones del gobierno chino y la corta estancia de los niños en los orfanatos han hecho que últimamente no exista un número elevado de problemas serios de salud». A lo que añade que «también conocemos mejor los riesgos específicos de estos menores, lo que permite hacer un diagnóstico precoz y una intervención temprana de los problemas».

El retraso del desarrollo, que afecta al lenguaje y a la adaptación social, es uno de los problemas más frecuentes. «Tres de cada cuatro niños adoptados en China presentan retraso en áreas del desarrollo psicomotor, la mayoría por falta de estímulo y afecto», explica Morell. Una situación que también recoge la Guía para pediatras de la Coordinadora en Defensa de la Adopción y el Acogimiento (CORA), cuyos datos revelan que más del 25 por ciento de las patologías que sufren están relacionadas con el retraso en el desarrollo neuromadurativo, y con trastornos en el aprendizaje.

Este informe también destaca que los problemas médicos más importantes son los psicológicos y el retraso psicomotor, conocido como «síndrome del orfanato». Una realidad que, a juicio del experto en servicios sociales, Manuel Baelo, tiene sus repercusiones cuando se escolariza a las niñas: «Nuestro sistema educativo da respuesta a la situación de los menores inmigrantes, algo que no sucede con los adoptados por vía internacional». La falta de programas adecuados para su integración preocupa a Baelo: «Es pronto para hacer un análisis de la socialización de estas niñas porque aún son pequeñas, pero la forma precipitada en la que se llevan estas adopciones, el apoyo nulo de las administraciones, puede generar en el futuro una situación similar a la de Francia».

La ayuda que no presta la Administración, la llevan a cabo las asociaciones de padres adoptivos. Desde la Asociación Nacional en Defensa del Niño de Extremadura (Andeni), su vicepresidente Pedro Palomo, explica que su labor consiste en «informar, preparar la documentación y apoyar a los padres». Realizan reuniones y actividades en las que las niñas chinas conviven y los padres plantean problemas.

La oleada de niñas chinas es un fenómeno social que va en aumento y que todavía no se puede calibrar de manera específica. No son inmigrantes, pero sus rasgos orientales no pueden ocultar su procedencia. «No podemos prever cómo reaccionarán en su adolescencia, y sobre todo cómo se identificarán en relación a sus compatriotas, pensemos, por ejemplo en la situación de las menores chinas adoptadas y en su relación con la comunidad de inmigrantes chinos asentada en nuestro país. La pregunta que surge es, ¿con qué cultura-nacionalidad se identificará el menor adoptado?», reflexiona Baelo.

El aumento de los flujos migratorios se puede equiparar con el de las adopciones, no sólo por su número, sino también por la singularidad de su proyecto. «En España, la inmigración y la adopción internacional han crecido a la vez, ambas provienen de las mismas regiones y se hicieron socialmente relevantes en la segunda mitad de los 90. Como en otros países europeos, las regulaciones sociales y legales relativas a la inmigración y la adopción internacional varían, así como la actitud general de la población hacia ellas», aprecia Diana Marre, del área de adopciones internacionales del Instituto de Infancia y Mundo Urbano y profesora de sociología y cultura antropológica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

«Una de las cosas que sabemos que puede suceder, -expone Baelo-, es que muchos de estos menores tendrán problemas de identidad: la búsqueda de los orígenes del niño a veces será imposible. Un fenómeno que ya ha sucedido en Holanda y Bélgica con los coreanos adoptados tras la Guerra del Vietnam, donde se han producido miles de reencuentros entre los padres biológicos y los adultos adoptados». Holanda, uno de los países con mayor experiencia adoptiva y pionero en materia de servicios sociales, ha promovido unas medidas a favor del desarrollo integral de la mujer embarazada, entre ellas la reflexión antes de decidir abortar y proponer la adopción como alternativa para proseguir con el embarazo, una vía que, en opinión de Baelo, «se podría contemplar en España».

Marta Borcha
LaRazón.es


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