martes, 2 de octubre de 2007
Apego y adopción




Si el desarrollo normal del apego se lleva a cabo alrededor de los 36 meses, los niños que son adoptados después de los 6 meses corren el riesgo de sufrir trastornos en el apego.

Dificultades en la relación madre-niño; la experiencia del orfanato; las fracturas en la constancia de la relación cuidador-niño; pueden producir interferencias en este desarrollo. El abanico de trastornos en el desarrollo del apego varía en función del grado de disturbio emocional que ha padecido el niño.

Los niños adoptados han experimentado, al menos, dos cambios importantes en sus primeras etapas de vida que pueden dejar un profundo impacto en su desarrollo y seguridad posteriores: han pasado de su familia biológica al orfanato o familia de acogimiento; y luego de allí a su hogar adoptivo.

Los cambios de cuidadores resultan disruptivos, cada nuevo cuidador es diferente, huele diferente, suena diferente. En el orfanato hay muchos cuidadores, pero no hay un cuidador con el que desarrollar un vínculo especial. La adopción, la nueva familia adoptiva, se convierte para estos niños en una sensación extraña, nueva y, en principio, atemorizante.

Los niños que han vivido experiencias traumáticas se ven afectados en todos sus sistemas de funcionamiento; el trauma temprano afecta tanto a nivel emocional, de conducta o físico.

Han vivido muchas situaciones traumáticas y tienen dificultad en su capacidad para apegarse exitosamente. La sintomatología que presentan en su nueva familia está directamente relacionada con las experiencias anteriores. Ellos han experimentado que el mundo es un lugar peligroso, amenazador, hostil, y en el que el riesgo de verse expuestos a un potencial daño siempre se encuentra presente.

Es importante distinguir entre los niños que “parecen apegados” de aquellos que están desarrollando un apego seguro y saludable.

Muchos niños adoptados desarrollan una inmediata dependencia de vínculo con sus padres adoptivos, los llaman “mamá" o “papá”, o dicen “que los quieren mucho”, y esto no quiere significar que se encuentran en proceso de apego. Una cosa es decir y otra muy distinta es sentir aquello que se dice.

El apego es un proceso y como tal lleva tiempo, la clave está en la confiabilidad, y creer sólo se hace seguro luego de muchas pruebas.

Los padres dan cariño y aprenden que el niño los quiere. El niño aprende a creer que sus necesidades básicas pueden ser satisfechas; aprende a “pertenecer” a su familia y que la familia “le pertenece”. Es a través de estos elementos que el niño puede aprende a querer y a aceptar ser querido.

Los niños adoptados necesitan tiempo para hacer reajustes a su nuevo entorno. Tienen que hacer familiares a sus nuevos cuidadores, amigos, familiares, vecinos, maestros y todos aquellos con los que mantiene contactos repetidos. Tienen que aprender las rutinas de su nuevo hogar y adaptarse a vivir en un nuevo entorno físico. Algunos niños incluso tienen que afrontar cambios culturales o de lenguaje.

Hasta que no logren hacer propios todos estos temas tal vez no sean capaces de relajarse lo suficiente como para permitir el inicio del apego.

Durante esta etapa, los problemas de conducta relacionados con la inseguridad; las pérdidas en los afectos; y otros aspectos vinculados con su historia previa comenzarán a aparecer. Y también comenzaran a colgársele etiquetas: “manipulador”; “superficial”, “difícil”.

Internamente el niño se siente ansioso, temeroso, perdido y muchas veces con el sentimiento profundo de ser “malo”, e “imposible de ser querido”. No ha desarrollado aún la autoestima que acompaña al sentimiento de ser valorado como un miembro de la familia.

El pensamiento infantil es auto referido, él es el centro del universo; por esta razón si los padres lo abandonan, se divorcian o se mueren siempre se sentirá culpable de la situación.

Resulta difícil para los padres, y algunos profesionales, comprender que es insuficiente esperar un cambio con sólo decir al niño que esta familia no lo dañará de la forma en que él ha sido dañado. La experiencia emocional deberá re-hacerse para poder producir cambios.

Unos padres seguros, confiables y predecibles son la parte más significativa en la terapia de estos niños, porque pueden confortarlos en el momento en que se muestran más vulnerables.

Para estos niños, este consuelo es una experiencia nueva, sus experiencias anteriores les han enseñado que debían consolarse solos. No pueden aceptarlo fácilmente porque no han aprendido cómo.

Lila Parrondo
El Periódico de la Adopción
adoptantis@hotmail.com



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