miércoles, 16 de abril de 2008
Al hijo adoptivo le nace un hermanito



Sucede con cierta frecuencia: después de haber adoptado a una criatura, inesperadamente, se produce un embarazo. A veces como resultado de los tratamientos iniciados por los padres; en otras oportunidades, tratándose de una infertilidad con características psicológicas, se supone que desaparecieron los motivos para el síntoma. Me refiero a situaciones que se producen espontáneamente, sin intervención de las nuevas técnicas reproductivas, que demandan otras perspectivas para su análisis.

¿Qué hacer entonces¿ ¿Cómo proceder con el adoptivo? Cada familia encuentra su modelo y encauza su forma de proceder. No obstante, es posible reconocer algunas pautas que se reiteran en situaciones como ésta: una de ellas consiste en que la madre se siente "culpable" ante el adoptivo, por imponerle un hermano no previsto. O bien se irrita ante el nuevo bebé-embrión, como si le preguntara: "¿Por qué no apareciste antes, cuando te esperábamos? ¿No ves que ahora hemos adoptado a otro en tu lugar?" En otros casos son tan grandes su sorpresa y su susto que durante meses niega el embarazo, expresando: "No puede ser".

La alegría ante esta concepción suele verse interferida por sentimientos encontrados, y muy especialmente por las dudas acerca del modo de proceder frente al adoptivo. ¿Cómo explicarle que habrá otra criatura en la casa, y que estará alojada en el interior del cuerpo de la madre, es decir, allí donde el adoptivo no pudo estar, cuando en realidad ése es el lugar de sus mayores nostalgias? Habrá que encontrar el modo de decírselo, pero... " ¿ y si el adoptivo supone o siente que lo quiero más al otro, al biológico?" Éste es el temor clave en la relación con el hijo adoptivo y con el biológico; tanto es así que muy a menudo hay que preguntar a las madres por qué marcan tan intensamente su preferencia hacia el adoptivo. Porque parecería que el modo que encuentran para "hacerse perdonar" la intromisión del hijo biológico es privilegiando aspectos de la relación con el adoptivo.

En algunas oportunidades, el temor que sienten las madres a la posibilidad de preferir al biológico las conduce a actitudes exactamente opuestas. Cualesquiera que sean sus sentimientos, es preciso reconocer el conflicto que enfrentan, las ambivalencias y los temores acerca de su distribución de justicia, los premios y los castigos.

A veces es posible explicarle al adoptivo que el papá y la mamá no podían hacer bebés y por eso lo adoptaron a él, pero con el correr del tiempo se fueron curando de lo que les impedía hacer un hijo y de ese modo se produjo el embarazo. Cierta vez me explicó un niño de seis años: "Claro, mi mamá ahora puede tener un bebé porque ensayó conmigo. Aprendió a ser mamá cuando me enseño a mí a crecer"": A esa edad me lo repitió, pero lo había anticipado cuando tenís cinco años. El argumento corresponde a una interpretación que no podemos dejar de tener en cuenta y sobre la que debemos reflexionar: no sabemos hasta dónde influyó en esa mujer (la infertil era ella) el contacto con su maternidad a través del hijo adoptivo. Y no es aventurado suponer que se autorizó a sí misma a maternar en otro nivel, el biológico.

Ambos hijos serán diferentes, sin duda. Y cada cual defenderá sus diferencias de acuerdo con sus modalidades propias. Discutiendo con sus hermanos biológicos, una adoptiva de diez años respondía: "A mí me fueron a buscar especialmente. En cambio ustedes (a los hermanitos) llegaron porque sí, cuando nadie los esperaba". Es decir, los argumentos forman parte del caudal imaginario de cada chico y no produce grandes resultados intentar explicarles que son iguales, porque saben que no lo son, y cada uno deberá instalarse en su propia identidad. En cuanto al amor que los padres sienten por ellos..., sucede lo mismo que con los hijos biológicos: se los quiere a todos, y a cada uno de diferente manera. Con un hijo uno sintoniza mejor y con otro permanentemente desacuerda: esas variables, que corresponden a las sintonías entre las personas, son lo que permite que exista mejor relación con un hijo que con otro, más allá de los distintos amores que puedan suscitar.

Eva Giberti

Adoptar Hoy

Editorial Paidós


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