lunes, 24 de noviembre de 2008
La peor manera de complicarse la vida


Los tipos inteligentes suelen complicarse la vida como idiotas. Un aragonés, soltero, de 41 años, al que llamaremos Pepe -nombre supuesto para que no pueda llegar a identificarse al menor que goza de especial protección-, quería ser padre a toda costa y ya se sabe lo testarudos que son algunos maños cuando se proponen algo.

En lugar de casarse y seguir el método tradicional, Pepe intentó adoptar a un niño ruso, pero el Instituto Aragonés de Servicios Sociales cortó sus expectativas al declararlo "no idóneo" el 6 de octubre de 2004. Como la obsesión nubla el juicio, lejos de conformarse, el tipo decidió explorar otras vías alternativas para conseguir un bebé.

Por medio de la familia de dos empleados suyos supo que en Uruguay vivía una mujer de 22 años embarazada, a la que llamaremos Claudia, sin recursos económicos, que ejerce la prostitución, que ya había entregado a uno de sus hijos a los propietarios de una farmacia y que estaría dispuesta a cederle el recién nacido.

Ni corto ni perezoso, Pepe viajó con su abogado a Montevideo el 6 de enero de 2005, donde permaneció cinco días para simular que él podría haber sido el padre biológico del niño y apalabrar las condiciones de la entrega. También proporcionó dinero a la madre de una de sus empleadas para que cuidase a la embarazada y que no le faltase nada.

A primeros de julio de 2005 nació un rollizo bebé en el Hospital Pereira Rosell, de Montevideo, aunque nuestro protagonista había intentado un reconocimiento previo de paternidad por poderes para no tener problemas cuando fuese a recogerlo, pero que no fue admitido por la falta de validez del procedimiento en Uruguay.

El día 25 del mismo mes, de nuevo en América con el abogado, Pepe reconoció al niño en el registro civil, aunque en la anotación figura como "padre natural (no biológico)". El 4 de agosto, los dos varones regresaron a España con el bebé al que días antes habían intentado documentar como español en el consulado.

Hasta ahí todo parecía perfecto, pero en la legación advirtieron el chanchullo. Tras las pesquisas pertinentes, resultó que el médico que atendió el parto certificó que éste había sido a término y que el niño no era prematuro, por lo que su concepción se situaba a principios de noviembre de 2004. La Dirección General de Migraciones del Ministerio del Interior de Uruguay comunicó al cónsul español que la madre nunca había salido del país y que el supuesto padre no pudo serlo, puesto que no llegó a Montevideo hasta enero, esto es, cuando la madre ya llevaba dos meses de gestación. Además, la policía española pudo establecer la simulación al comprobar que el presunto padre no obtuvo su primer pasaporte hasta el 15 de diciembre de 2004, un mes después de la concepción del bebé.

Todo ello configuraba un delito de alteración fraudulenta de la paternidad, que debía juzgarse en la Audiencia Nacional por haber sido cometido en el extranjero.

En el juicio, Pepe, que se ha negado a que se realice un análisis de ADN para determinar la paternidad del menor, mantuvo que el niño pudo ser prematuro y que aunque inicialmente tuvo dudas de que él fuera el padre biológico, ahora no descarta que lo sea.

Pantomima espectacular que se desmonta a poco que se escarbe en la causa. Porque la madre de una empleada de Pepe declaró en Uruguay que fue ella quien le avisó de la existencia de la joven embarazada, que por hacerle un favor a él, se la llevó a su casa durante la gestación, aunque recibió dinero por los gastos ocasionados y para que la madre, de extrema pobreza, pudiera ir construyendo una vivienda. Además, en una declaración sumarial, el tipo admitió que sabe que no es el padre, aunque justificó que se trajo al bebé a España porque la madre le dijo que si no lo quería lo abandonaba o lo tiraba a la basura y él no quería que acabara en un contenedor. ¡Como si la idea inicial no hubiera sido conseguir un niño a toda costa!

Ahora, por el empecinamiento, Pepe puede ser condenado a dos años y medio de cárcel y el abogado, a dos, que es lo que solicita el fiscal para ellos. Pero peor todavía, como si la cárcel no fuera suficientemente mala, es que puede perder por siete años la tutela y patria potestad del bebé que continúa inscrito como hijo suyo y que pasaría a depender de los Servicios Sociales de Aragón.

Decía la poetisa Margarita de Navarra que "el hombre es sabio... cuando reconoce que no hay peor enemigo que uno mismo".

Seguro que habrá alguna manera más tonta de complicarse más la vida, pero ahora mismo no se me ocurre cómo.

José Yoldy
ElPaís.com

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