martes, 18 de noviembre de 2008
El Papa pide a Filipinas promover la solidaridad y el diálogo interreligioso


Benedicto XVI confía en que Filipinas "seguirá participando activamente en foros internacionales para el progreso de la paz, la solidaridad humana y el diálogo interreligioso".

Su petición formar parte de uno de los pasajes centrales del discurso que dirigió este lunes a la nueva embajadora de ese país ante la Santa Sede, Cristina Castañer-Ponce, quien presentó las cartas credenciales.

Benedicto XVI recordó que el progreso humano "no se limita a la dimensión económica o tecnológica", sino que engloba "la cultura, el respeto a la vida y la dignidad, y el reconocimiento del Bien supremo, que es Dios", e invitó al país a "seguir ofreciendo esta visión integral de la persona humana en los foros mundiales".

En este sentido, alabó "las iniciativas emprendidas en varios niveles de la sociedad filipina para proteger a los más débiles, especialmente a los no nacidos, los enfermos y los ancianos".

"El pueblo de Filipinas es conocido por su cálida generosidad y por el gran valor que otorga a la amistad y a la vida familiar", afirmó el Papa, quien destacó la "contribución de los fieles católicos filipinos mediante su hambre de oración, su viva devoción y su prontitud para servir a los demás".

Separación Iglesia-Estado

La Santa Sede, afirmó el Pontífice, procura, "especialmente a través de su actividad diplomática, promover en el mundo los valores universales que fluyen de la dignidad humana y hacer avanzar la voluntad humana en el camino hacia la comunión con Dios y con el otro".

Esta labor la realiza, añadió, "consciente de la necesaria autonomía y competencias entre la Iglesia y el Estado". Verdaderamente, podemos decir que la distinción entre la religión y la política es un logro del cristianismo y una de sus fundamentales contribuciones históricas y culturales".

Esta cooperación entre ambos es necesaria para el bien de la sociedad, añadió el Papa, y debe promover "un sentido de responsabilidad compartida por todos los ciudadanos de promover una civilización del amor".

Inmigrantes

Por otro lado, el Papa se refirió a la creciente población emigrante filipina, y destacó la preocupación del Gobierno de Gloria Macapagal a la hora de velar por los ciudadanos filipinos que trabajan fuera del país, como se puso de manifiesto en la reciente cumbre sobre esta cuestión celebrada en Manila.

"El justo trato a los inmigrantes y la construcción de una 'solidaridad del trabajo' requiere la cooperación de los gobiernos, las agencias humanitarias, los creyentes y los ciudadanos con prudencia y paciente determinación".

La regulación de los flujos migratorios, añadió el Papa, deben basarse "en los criterios de equidad y equilibrio, poniendo especial cuidado en facilitar la reunificación de las familias".

Por otro lado, animó a las autoridades filipinas, que acaban de aprobar una legislación para llevar a cabo la reforma agraria. La reforma, afirmó el Papa, "puede beneficiar a la sociedad al inculcar el sentido de la responsabilidad común, a la vez que estimulando la iniciativa individual", en orden a asegurar "la propia alimentación y la participación en los mercados internacionales".

El Papa espera que esta reforma "produzca una distribución justa de la riqueza", así como "el desarrollo sostenible de los recursos naturales", de cara a "mejora las condiciones de vida de los pobres".

Por Inma Álvarez
Catholic.net



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