lunes, 23 de mayo de 2011
Esclavos filipinos en La Haya



En La Haya, Holanda, algunos embajadores y altos diplomáticos extranjeros explotan y mantienen encerrado a su personal doméstico

Así lo declararon varios trabajadores a Radio Nederland Wereldomroep y al diario Trouw. Según la organización contra el tráfico de personas BlinN, que asiste al personal de las embajadas, hoy todavía se puede hablar de abusos en las casas de algunos diplomáticos. La abogada Antoinette Vlieger, de la Universidad de Utrecht, califica la situación de ‘un tipo de esclavitud moderna’.

El personal de servicio filipino es popular entre los diplomáticos, porque es obediente y trabaja duro. Los diplomáticos gozan de inmunidad y, por tanto, no están sometidos a control, simplemente ordenan y los sirvientes obedecen. A lo largo de la costa, detrás de las dunas de La Haya, se levantan espaciosas casonas muy apetecidas por diplomáticos y embajadores, a quienes atiende un ejército formado por centenares de camareros, aseadores, niñeras y cocineros, a menudo provenientes de países lejanos. Una de ellas era la filipina Cheryl Barrio, de 50 años.


Vivir encerrados

En la primavera del 2003, Cheryl Barrio abre sus maletas en la villa del nuevo embajador de Arabia Saudita en Holanda, para cuya familia Cheryl ya había trabajado en Arabia Saudita. A su llegada a Holanda, debió entregar su pasaporte al embajador, quien le advirtió que no debería salir de la casa. Un año más tarde, el diplomático consideró que necesitaba más personal e hizo traer a Holanda a Amelia y Benigno, hijos de Cheryl, quienes, al igual que su madre, debieron entregar su pasaporte y no podían salir a la calle.

Los tres seguían una rutina invariable: levantarse temprano, trabajar y dormir. Benigno era camarero y se encargaba de las reparaciones hogareñas, Amelia y Cheryl limpiaban la casa y lavaban la ropa. A veces, la hija del embajador les entregaba a medianoche un vaquero que debía estar lavado y planchado por la mañana.

“Nuestro mayor deseo era ver cómo era fuera de la casa,” dice Cheryl, “cada sábado, el embajador, su esposa y sus hijos se ausentaban, y, en una oportunidad, aprovechando que estábamos solos, decidimos salir, aun cuando fuera por unos minutos. Fuimos al jardín y miramos hacia la casa vecina por encima de la cerca”.

A menudo, la familia del embajador le contaba a Cheryl y a sus hijos lo hermosa que era Holanda, le describía los lugares que habían visitado. Pero, el trío de sirvientes no tenía permiso para salir, salvo alguna vez a hacer compras bajo estricta vigilancia. Sin revelarlo, se habían prometido visitar alguna vez el parque de atracciones Efteling, sobre el cual habían visto algunas imágenes en la televisión.


Sueldos inferiores al mínimo

Cheryl preparaba la comida para la familia del embajador, y las sobras eran para ella y sus hijos, pues no se les permitía cocinar aparte. Una vez que Cheryl estaba calentando arroz del día anterior para su propio uso, la esposa del embajador entró furiosa a la cocina y la reprendió, porque comer alimentos recalentados no era ‘halal’ (alimentación de acuerdo a la prescripción musulmana)

El embajador pagaba a su personal filipino entre 200 y 400 dólares mensuales, mucho menos del sueldo mínimo holandés (1440 euros). Después de apartar algo de dinero de bolsillo para los tres, el embajador enviaba el resto al marido de Cheryl, quien estaba a cargo de los otros cinco hijos en Filipinas.

Cuando Cheryl le solicitaba un día libre al diplomático, éste le respondía que las calles eran demasiado peligrosas. Además, agregaba, la policía podía detenerlos y enviarlos de vuelta a Filipinas.

A través del chofer del embajador, Cheryl consiguió un teléfono móvil y llamó a la embajada de Filipinas en La Haya para contar lo que estaba viviendo.

“Me respondieron que no era buena idea que yo saliera a la calle, porque la embajada de Filipinas no quería problemas con los sauditas. Por mi culpa, los sauditas podrían llegar a suspender las visas a los trabajadores filipinos. El funcionario me dijo que yo tenía que pedir más dinero al embajador, lo que, por supuesto, no me era posible.”


Huida

Cheryl y sus hijos no aguantaron más. Una mañana temprano, mientras todos, incluido el guardia nocturno, dormían, huyeron de la casa a través del sótano, tomaron un taxi que los llevó al Zuiderpark, un parque de La Haya donde según el taxista podrían encontrar a otros filipinos.

“¡Estábamos tan contentos que le dimos 5 euros de propina! Los filipinos nos preguntaban si éramos nuevos en Holanda. No, les respondí, sólo somos nuevos para el mundo fuera de la casa del embajador”, cuenta Cheryl.

La embajada saudita no ha querido hacer comentarios sobre esta historia. El embajador involucrado en ella fue elegido ‘embajador del año’ en el 2006 y actualmente trabaja en Arabia Saudita.


Esclavitud moderna

Lo que vivieron Cheryl y sus hijos es una forma de esclavitud moderna, opina la abogada e investigadora Antoinette Vlieger. Atraídos por un sueldo impensable en su país y un contrato de trabajo, salieron hacia un lugar extraño. “Una vez en casa de sus patrones, el contrato perdió valor y sus derechos como trabajadores no fueron respetados”. A pesar de ello, durante años aceptaron la explotación porque el resto de la familia, en Filipinas, dependía de los envíos de dinero. Y esto es algo que, según la letrada, los patrones saben muy bien.

“La visa del personal de servicio está directamente ligada a su trabajo para un diplomático,” señala, “hecho que concede gran poder al empleador, quien, además, goza de inmunidad diplomática. Los diplomáticos operan fuera del sistema jurídico nacional, por lo que suelen pensar “aquí se hace lo que yo quiero”’.

La familia de Cheryl no es la única. Radio Nederland y Trouw disponen de información sobre otros casos de encierro, explotación y maltrato psicológico de personas que sirven en casas de diplomáticos. Se trata de diplomáticos de Oriente Medio, Europa, Asia y Latinoamérica. Muchos empleados tienen demasiado miedo como para contar su historia.

A petición de la señora filipina, su nombre y los de sus hijos fueron modificados para proteger su privacidad.

Martijn van Tol
rnw.nl




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Enrique Campoamor a las 10:06 a. m. | Permalink |


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