jueves, 22 de noviembre de 2007
Posibilidades de adopción en Filipinas


Casi 30 delegados de varios países llenaron los pasillos del Taal Vista Hotel en Tagaytay, el pasado mes para la 9ª reunión Global sobre Servicios para el Bienestar Infantil. Los delegados de Filipinas y de otros países contaron historias sobre niños filipinos; el relato tan vívido que hicieron del calvario por el que han tenido que pasar estos niños, fue muy emotivo e incluso algunos se mostraron muy afectados.

Nuestro país no ha podido proteger a los millones de nuestros niños del trauma y del abuso. Continúan sufriendo experiencias horribles, ya sea en la forma de abuso, o en el traslado de una familia negligente a un centro de adopción indiferente, a las difíciles calles de los centros urbanos, o a sus envenenadas prisiones. Algunos de estos niños han sido abandonados siendo aún bebés en basureros y en vertederos. Miles más no han sentido el cariño paternal, con malnutrición como un patrón común en su desarrollo posterior. Es una realidad filipina.

Nuestro país, desafortunadamente, acogió enseguida la institucionalización como una respuesta social, poniendo a los niños en prisiones o en lugares que funcionan como refugios, como una alternativa aceptable. Muchos trabajadores sociales trabajando en prisiones no han modificado sus patrones de comportamiento y han recreado el ambiente de reclusión en niños con dificultades o circunstancias especiales. Incluso se ven a sí mismos como extensiones de los pilares de la justicia criminal. Sin duda hay muchos niños que son difíciles de ubicar y que se resisten a toda disciplina debido a los ambientes disfuncionales que han tenido en sus hogares. Pero el trasfondo familiar no debería justificar la institucionalización de los niños.

La mayor parte de los niños que están libres para ser adoptados pueden tener problemas de comportamiento. Cuanto más mayores se hacen en los orfanatos, mayores problemas de comportamiento tienen. Muchos padres adoptantes tienen una idea romántica de la adopción de niños, de los que se espera sean recíprocos en la generosidad y en el amor que reciben de sus padres adoptivos. Esto no es lo que suele suceder. Los padres adoptantes deberían estar preparados para esperar lo peor ya que los niños legalmente adoptables han sido rechazados por sus propias familias. El resultado es dolor y mucha inseguridad; muchos reaccionan protegiéndose con indiferencia o peor todavía, con un comportamiento problemático, incluso cuando reciben afecto de sus padres.

Afortunadamente, también hay muchos otros niños que responden positivamente y han crecido demostrando un amor y afectividad recíproca hacia sus padres adoptivos. El “niño feliz” es un objetivo no difícil de conseguir.

Pero debe haber un amor incondicional, no sólo románticas nociones, hacia los niños. Durante esta reunión global, nosotros – que somos miembros del ICAB, que procesa todas las solicitudes de adopción por extranjeros de niños abandonados – hemos lanzado retos ante las posibilidades de adopción a agencias extranjeras. Les instamos a que trabajen con las familias adoptantes para que consideren los casos más difíciles de adopción, en los que los niños han sufrido. Que consideren la adopción de niñas muy jóvenes, aquellas que pueden haber dado a luz incluso a una edad tan temprana como a los 11 o 12 años. Que consideren y busquen hogares permanentes para niños que están en conflicto con la ley, niños que han sido expuestos a la difícil realidad de la prisión, por delitos mínimos.

También se han presentado muchas propuestas positivas para niños con necesidades especiales, para aquellos que han nacido con problemas ya sea Síndrome de Down, parálisis cerebral, espina bífida, etc... Nos sentimos abrumados por esta respuesta. Pero debe haber más reuniones globales para tratar la ubicación de niños que han sufrido y han estado expuestos a los males de la sociedad – niños víctimas de abusos sexuales y niños víctimas de la mentalidad retorcida de un sistema judicial criminal.

Eric Mallonga
ManilaTimes.net

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Enrique Campoamor a las 8:22 a. m. | Permalink |


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