lunes, 29 de septiembre de 2008
Los niños no son una propiedad de sus padres biológicos, aunque a veces lo parezca




Mario Bedera (Valladolid, 1957), diputado en la anterior legislatura, fue ponente de la Ley de Adopción Internacional aprobada a finales del año pasado. Ahora el socialista es senador, y desde la Cámara Alta -«que ofrece más tiempo para el estudio»- impulsa una comisión que analizará la situación de las adopciones nacionales en España, el «auténtico patito feo» de los servicios a menores.

-¿Qué espera obtener con esta comisión?

-Primero una foto clara de cuál es la situación de la adopción nacional. No sabemos qué cifras exactas hay, cómo funciona, si hay una apuesta común...

-Eso en la forma, pero ¿dónde está el fondo?

-No nos engañemos. El asunto de fondo es difícil y sensible, pero creo que hay que ponerlo sobre la mesa. Unos 30.000 niños españoles crecen en instituciones y no podemos permitir que haya tantos miles de críos así, esperando a la llamada de la sangre de sus padres.

-¿Considera la normativa actual muy conservadora con la familia biológica?

-Los hijos no son una propiedad de sus padres biológicos, aunque a veces lo parezca. Aunque estos los hayan abandonado más de una vez, siempre tienen la última palabra y mantienen al niño «a su disposición». Aunque a todos se nos llena la boca hablando del bienestar del niño como valor principal en estos casos, al final estos se convierten en una moneda de cambio burocrática, en una pelota que pasa de un departamento a otro.

-¿Y no supone un enorme fracaso de los servicios sociales ser incapaz de ayudar a las familias en precario?

-Hay que tener muy claro que la pobreza no puede ser una categoría jurídica para adoptar. Simplemente, pienso que hay gente que no puede, no está preparada, para tener hijos. Pasa con muchos padres drogadictos; sí les puedes dar una oportunidad, pero mantener al niño en una institución a la espera de que se desintoxiquen un mes cada año... Y los otros once meses, ¿qué pasa con el crío?

-¿Qué posibilidades hay?

-Tenemos que estudiar lo que hace la gente y valorar todas las formas de acogimiento. Lo importante es ver cómo se beneficia más al menor. Es como en los años cincuenta y sesenta, cuando las familias con muchos hijos cedían uno de ellos a un hermano que no podía tenerlos... el niño sabía quiénes eran sus padres, pero lo criaban otros.

-¿Por qué cree que la gente adopta fuera de España?

-Dicen los expertos que hay dos razones: hay más niños pequeños adoptables y uno no corre el riesgo de que la familia del niño lo reclame cuando ya está adaptado, como ha ocurrido con el niño de El Royo.


Sara Carreira
LaVozdeGalicia.es


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