martes, 24 de mayo de 2011
El pediatra y el niño inmigrante



La migración entre los distintos países es un fenómeno cada vez más frecuente en el mundo. Este aumento progresivo es muy evidente en nuestro medio. En la edad pediátrica, la inmigración incluye a los documentados legales, a los ilegales en situación irregular, a los refugiados, los niños procedentes de adopción internacional, y a aquellos que llegan por tiempo limitado para tratamientos médicos o en el curso de programas de intercambio.

La problemática que plantea toda esta nueva población de la que nos hacemos cargo como pediatras nos obliga a prepararnos para ofrecer la mejor atención posible también a estos pacientes: a saber reconocer las posibles situaciones a las que nos podremos enfrentar en cuanto a prevalencia de enfermedades, vacunaciones, y otros patrones de salud, a la vez que ser capaces de comprender aspectos sociales, religiosos, nutricionales y de costumbres.

Entre los nuevos problemas destacan la patología infecciosa, tanto enfermedades importadas como adquiridas, inmunización incompleta, profilaxis de los procesos infecciosos a la vuelta a su país, educación sanitaria a los padres y , de forma no menos importante, la problemática social de esta población, con barreras idiomáticas y culturales que dificultan la integración a la nueva sociedad, así como el frecuente cambio de domicilio que hace difícil el seguimiento correcto de los niños. Todo ello, junto con la ausencia de historial médico y cartillas de vacunación, dificultan la realización de una buena historia clínica.


Las patologías ante las que nos vamos a encontrar van a ser:

Patología infecciosa. La más frecuente. Puede ser tanto las importadas del país de origen, que en ocasiones nos supone un reto por no estar suficientemente familiarizados con ellas, o bien la contraída en nuestro propio país, las mismas a las que está expuesta nuestra población, pero para las que estos niños no han recibido las inmunizaciones adecuadas.

Otro punto es el de los hijos de inmigrantes nacidos en nuestro país, que están más expuestos que sus padres a contraer enfermedades de alta prevalencia en su país de origen, pero de prevalencia muy baja en el nuestro, como la hepatitis A, la fiebre tifoidea o el paludismo, en los casos habituales de viajes de vuelta a estos lugares (los nacidos en zonas endémicas presentan cierta inmunidad).

Carencias nutricionales. Ello se debe tanto a la falta de alimentos en algunos casos, o bien a los malos hábitos dietéticos. La malnutrición crónica puede llegar a provocar retrasos de crecimiento, alteración del aprendizaje y aumento de la susceptibilidad a enfermedades. Al mejorar la alimentación, las curvas de crecimiento generalmente mejoran.

También debemos considerar que en los controles habituales de peso y talla no contamos con las tablas correspondientes a sus países de origen y los estamos comparando con la población española, sin tener en cuenta componentes raciales.

Patología hematológica. Se observa con frecuencia anemias por falta de hierro, pero igualmente de otro tipo como las talasemias y las drepanocitosis.

Esto solo es una pequeña parte del impacto sanitario de la inmigración. La llegada de otras costumbres crearan controversias en el ámbito sanitario pediátrico, como la circuncisión por motivos religiosos, la eliminación de determinados alimentos por motivos culturales, etc. Pero este merecerá otras reflexiones.

Dra. Simona Mas Antón
DiarioInformacion.com



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Enrique Campoamor a las 10:29 a. m. | Permalink |


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