lunes, 13 de abril de 2009
La ciudad de Bacolod en Filipinas recuerda a un misionero agustino español


Centro de Bacolod


Con más de medio millón de habitantes, la ciudad de Bacolod, capital de la provincia de Negros Occidental, en Filipinas, ha querido honrar la memoria del misionero español Mauricio Ferrero dedicándole una de las calles principales de la ciudad.

Mauricio Ferrero, fraile agustino recoleto, nacido en la ciudad riojana de Arnedo en 1844, vivió casi 50 años en Filipinas, de los cuales unos 30 los pasó en Bacólod, donde construyó la actual catedral, el palacio episcopal y otros importantes edificios de esta capital de provincia. Profesó como agustino recoleto en Monteagudo (Navarra) el año 1863 y pasó a Filipinas cinco años más tarde.

En Bacolod estuvo en tres períodos distintos. El primero duró 23 años. El segundo período sólo duró un año, pues fue interrumpido por la Revolución filipina que, en noviembre de 1898, lo tuvo preso hasta febrero de 1900. Fallecería el año 1916, en Manila. No se puede decir que, hasta ahora, Ferrero fuera un desconocido. Desde hace muchos años, su estatua flanquea la entrada principal de la catedral que él mismo construyó.

En la inauguración de la calle intervinieron, el alcalde de la ciudad, Evelio Leonardia y el obispo de Bacolod, Mons. Vicente Navarra, cuya residencia es el mismo edificio, próximo a la catedral, que Ferrero construyó como casa parroquial, enteramente en madera y sin un solo clavo. También participó Lauro Lárlar, prior provincial de los agustinos recoletos. La Orden posee en la capital negrense uno de sus centros de enseñanza más prestigiosos, la Universidad de Negros Occidental-Recoletos (UNO-R). Justamente en esta universidad, propiedad de los agustinos recoletos, se había inaugurado dos años antes, el 5 de diciembre de 2007, un aula dedicada al mismo personaje, el "Fr. Mauricio Ferrero Hall". En ella se han instalado las dependencias correspondientes al Programa de Gestión de Hoteles y Restaurantes.

El acto se desarrolló en dos escenarios. Primero, en la propia calle. Tras entonar el himno nacional, tuvo lugar la lectura del acta municipal por la que a la calle se le asignaba el nombre del ilustre recoleto. A continuación, el obispo Navarra bendijo la placa conmemorativa, que a su vez descubrió el alcalde de la ciudad. El segundo acto fue académico y cultural. El escenario fue el palacio de congresos. En él intervinieron los historiadores Enmanuel Luis Romanillos y Modesto Sa-onoy.

Cristina Sánchez
Cope.es





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