miércoles, 14 de septiembre de 2011
Un adoptado debe saber que lo es, aunque no lo entienda



Javier Múgica Flores Psicólogo de Agintzari Sociedad Cooperativa. El especialista asegura que ocultarle al niño su condición acarrea dañar su proceso de construcción, y tiene el coste de la pérdida de confianza en la familia

Adoptar un niño es un proceso largo y costoso, no sólo por el papeleo, sino por el reto que supone para muchas familias y, por supuesto, para el mismo menor. Con el objetivo de sensibilizar sobre este delicado asunto, se celebró ayer en Donostia, durante los Cursos de Verano de la UPV, el correspondiente a 'Narrativas eficaces en adopción: una herramienta para toda la vida'. En él participó Javier Múgica, psicólogo responsable del programa Adoptia, de Agintzari.


- Mucha gente piensa que la parte más dura de adoptar son los trámites burocráticos, y que a partir de ahí finalizan los problemas. ¿Qué responde a eso?

No, no es cierto. Los trámites pueden cansar y ser un poco exasperantes por lo que se tarda, ya que una adopción es muy lenta, pero realmente donde empiezan los problemas es cuando el crío está en casa. Y no porque la adopción sea un problema, sino porque tiene unas exigencias muy altas, unos cuidados y atenciones que no se habían previsto.


- ¿Los hijos adoptados tienen necesidades distintas a los hijos biológicos? ¿Hay que criarlos de otra manera?

No, los niños adoptados son como todos los demás, y tienen las mismas necesidades. Los hijos adoptados también son hijos biológicos. Lo que nosotros decimos es que los niños adoptados tienen necesidades añadidas, es decir, unas que van en función de sus procesos de vida.


- Muchos de los niños han tenido un pasado muy duro. ¿Cómo tienen que enfrentarse a él los padres adoptivos?

En primer lugar, los padres tienen que conocer esa historia, tienen que saber lo máximo posible. No siempre es posible saberla y a veces no hay información. Pero el desarrollo, el comportamiento de un niño, tiene que ver con lo que ha vivido. Igual que los arqueólogos van construyendo la historia a través de las pruebas, los adoptantes tienen que hacer algo parecido. En función de lo que el niño está expresando tienen también que entender que eso se explica en la vida anterior. Y en función de cada situación particular poner los recursos para reparar daños y facilitar ayudas.


- ¿Existe un momento en el que hablar de todo esto con el niño?

¿A qué edad se le debe empezar a decir a un niño que se porte bien y que haga las cosas? Hablarlo con él es algo que hay que hacer de siempre, aunque cada edad va a requerir una serie de formas diferentes. Antes de los cuatro o cinco años los niños no son capaces de ver ningún tipo de diferencia entre adopción y no adopción. A partir del momento en el que saben que no nacieron de la tripa de su madre adoptiva, ahí se despliegan un montón de interrogantes que tienen que ser resueltos. El niño tiene que poder entender por qué no está con la madre que le tuvo en la tripa, qué pasó. A veces, ellos mismos recuerdan cosas, y eso les ayuda a entender mejor todo. En general, no existe una edad específica para hablar de ello, tiene que saberlo aunque no lo entienda. De la misma forma que yo no sé por qué vuelan los aviones, pero sé que vuelan.


- Por tanto, no tiene ningún sentido ocultárselo...

Ocultárselo tiene un coste terrible, que es la pérdida de confianza del niño, además de crear un daño importante en su proceso de construcción. De todas formas, hoy en día, la mayor parte de los niños adoptados es imposible que no lo sepan, porque vienen mayores, porque tienen recuerdos. Lo del adoptado recién nacido ya casi no existe, son la minoría. La mayor parte de los niños adoptados son adoptados tardíos, que recuerdan, que saben. Pueden hablar y se les puede ayudar a entender las cosas que viven.


- Una vez que los niños son plenamente conscientes, ¿cómo suelen reaccionar, cómo se sienten?

El significado que tiene ser adoptado lo van a ir comprendiendo poco a poco, no de golpe, pero van a despertarse en ellos muchas emociones, muy dispares y contradictorias, intermitentes.Pero suelen reaccionar con mucho estupor, con incredulidad, pero también con tristeza, dolor, rabia, pena, añoranza. En cualquiera de los casos, es un abordaje difícil, para el cual es importante que sus padres estén ahí, pendientes y disponibles, no lo pueden ni deben hacer solos.


- ¿Puede darse el caso de que reaccionen de forma tan negativa que el rechazo no permita la vuelta atrás?

No suele darse lo que teme la gente, eso de que vaya a ser el principio del fin del mundo. Unos lo llevarán mejor, otros peor, otros lo rechazarán durante años y otros lo aceptarán y preguntarán por ello. Hay muchas formas de afrontarlo, pero en cualquiera de los casos el daño no es hablar de ello. Es más dañino no hablarlo, y no entender lo que eso significa e implica en la vida del niño.


- ¿Más tarde se normaliza la situación o esas emociones perduran para siempre?

Una vez que las emociones han sido vividas, hay procesos de latencia y hay periodos. Según evoluciona la persona va a ir habiendo reacciones, dependiendo de las circunstancias. Esta experiencia es una elaboración que dura toda la vida, y no solamente la vida de toda la persona adoptada, ya sabemos que los hijos biológicos de los adoptados también viven esta experiencia, en menor intensidad, pero también viven esta extrañeza de orígenes. Esto es algo que se produce a lo largo de toda la vida, que en cada etapa evolutiva uno tiene que afrontar de forma diferente.


- ¿En qué etapas, por ejemplo?

El preadolescente tiene que ver de qué manera eso implica en su persona y en sus relaciones con los demás; el adolescente tendrá que ver de qué manera influye en su identidad y su desarrollo; el joven, cómo va a trascender en su vida social e independiente; el que va a ser padre va a tener sus primeros familiares biológicos, es un momento especial. En resumen, hay muchos momentos en las diferentes etapas evolutivas donde cada uno va a ir cambiando, no es un momento. Es una condición de por vida. Aunque no hablamos de una patología ni de algo que vaya a generar que uno no pueda vivir.Tiene que ir encajando las piezas de la vida.


- Muchas familias pueden sentir que no están preparadas para la adopción. ¿Es posible que necesiten ayuda?

A nadie le han preparado para esto. No solamente las familias, sino los profesionales, como psicólogos y profesores, necesitan información sobre las vivencias y experiencias de los niños adoptados. Todos estamos, en general, muy desinformados sobre el tema. En el caso de los padres, es evidente que la necesitan, ya que va a ser su tarea acompañar al niño en comprender estas cosas, en guiarle en su camino.


- ¿Y a dónde pueden acudir los padres para obtener estos consejos que les ayuden?

Hay pocos sitios, la verdad. Pero lo que sí sabemos es que en los entornos de las instituciones de protección y en las asociaciones de familias adoptivas hay ya dispositivos para poder orientar e informar a las familias. Además, siempre se puede acudir a los especialistas en este tema, aunque, lamentablemente, todavía hay muy pocos. Por otra parte, tenemos cada vez más literatura que se encarga de la problemática, aunque la nuestra todavía sea algo deficitaria.


David Fernández de la Cuesta
DiarioVasco.com





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