lunes, 5 de febrero de 2007
Secuelas biológicas y psicológicas del abandono


No hay nada que impacte más a las personas, que saber de un abandono infantil, sea cual fuere la forma en que este se ejecute. En el imaginario social la mano se levanta ineludiblemente para cuestionar a esa mujer que no pudo asumir su función de madre.

Una frase del doctor Atilio Alvarez, emitida en un seminario de especialización sobre adopciones, decía que "el abandono es un aborto a término". De esta manera él aludía a formas de violencia, puesto que tanto en el abandono como en el aborto, este ser es arrancado o expulsado de la continencia materna.

Es necesario entonces que se sepan y se analicen los motivos de estos comportamientos, como también que demos a conocer todas las consecuencias que estos conllevan para los niños implicados.

Un niño puede ser abandonado físicamente o emocionalmente, cuidado con negligencia como también puede golpeado, abusado, violado o ser víctima del incesto. Aunque nos produzca rechazo de solo pensarlo, todas estas circunstancias están en estrecha relación con el tema que estudiamos, la adopción.

El abandono de un chiquito es la causa más frecuente por la cual se requiere de su adopción en el marco de una familia. Cabe entonces preguntarnos acerca de las fuentes del abandono de niños. Preferimos utilizar el término fuente y no el de causas, para evitar concepciones parciales o reduccionistas.

La gran cantidad de niños huérfanos, carentes de una familia continente, tienen que ver en primer lugar con nuestras grandes catástrofes mundiales provocadas por el mismo hombre, como las diversas contiendas bélicas y las hambrunas. En segundo término las catástrofes naturales como las erupciones volcánicas, los terremotos, los huracanes, las inundaciones y las epidemias.

Otra fuente determinante de la horfandad es el abandono voluntario de niños por parte de sus padres, su madre o toda su familia. Estos abandonos se producen por situaciones desgraciadas vinculadas en mayor frecuencia con la madre gestante, la genitora, como puede ser su fallecimiento, una salud muy quebrantada, la imposibilidad socioafectiva de criarlo por factores la edad, el estado civil, la salud mental o la simple ausencia de madurez.

Un abandono puede producirse porque la genitora fue abusada, violada o también víctima de incesto por parte de su progenitor, su padrastro, su abuelo o su hermano. Dentro de estas circunstancias, cobran relevancia la faltad de educación y las condiciones de hacinamiento y promiscuidad con que viven los sectores marginados de una población. En menor proporción encontramos embarazos que no fueron deseados e hijos que no se esperan con amor, por lo que esas mujeres deciden entregarlos en adopción o decididamente abandonarlos.

No nos proponemos evaluar ni mucho menos juzgar a estas personas, como tampoco a las fuentes determinantes de los abandonos de los niños. Solamente decidimos comentar las consecuencias observadas a posteriori en estos chicos, que conforman el grupo víctimas del abandono, como también la de los efectos de la institucionalización y de la privación del afecto materno y paterno, por un tiempo prolongado.

El vínculo madre - hijo y su relación con el abandono

El ser humano nace en estado de absoluta inmadurez, requiere de cuidados especiales y personales para poder permanecer vivo. Generalmente esto le es brindado por la misma persona que lo tuvo alojado en su cuerpo durante los nueve meses de la gestación, su progenitora. De ella dependerá totalmente, ya que la decodificación de los signos y señales, en demanda de satisfacción de sus necesidades básicas, será la clave para su supervivencia. La madre del bebé, es la primera fuente de placer y también de sufrimiento. De la calidad de sus cuidados en los primeros tiempos de su existencia, dependerá su salud física y mental y las perspectivas de su socialización futura.

Este asunto nos remite a un problema de índole epistemológica, la disquisición teórica acerca de los factores determinantes de la personalidad humana: para definirla como producto de una policausalidad genética al decir de Pichon Riviere, resultante del interjuego dinámico de las denominadas series complementarias, tal como lo propusiera Sigmund Freud.

Los datos que hoy tenemos a nuestra disposición, relacionados con el efecto del abandono y la privación afectiva, provienen de los estudios directos sobre niños que vivieron estas situaciones (abandonados y luego adoptados o internados), de las historias de adolescentes y de adultos gravemente perturbados, y por último del seguimiento de niños que han padecido ausencia grave de afecto en sus primeros año, como el conocido caso del niño lobo de Avignon.

De las observaciones efectuadas en estas circunstancias hoy es posible obtener datos y tener muy claro que resulta imposible formular generalizaciones. Algunos niños se vean seriamente afectados y otros no lo estén .Pensamos que no todas las personas manejan de la misma forma la angustia frente a la separación y esto depende de las series complementarias, como por ejemplo la edad, factores hereditarios, el sexo, la constitución familiar, el nivel cultural de los familiares y alguna otra cantidad de variables de las subjetividad.

Podemos observar que en cada recién nacido se presentan diferencias individuales en sus respuestas para ser calmados, en su nivel de irritabilidad y de llanto, su estabilidad en el sueño y los de estados de tranquilidad posible. La capacidad de contener a un bebé, es una experiencia que condiciona la confianza de la madre en sí misma para mantener la homeostasis infantil, determinante de su propia imagen como madre.

El embarazo, como situación de máxima intensidad del contacto entre dos seres, induce a la madre a realizar el paso del útero al regazo. Cuando el niño llega, por mediación del deseo entre sus padres, la mamá y su bebé se miran, generándose entre ellos un hecho particular del investimiento. Esto significa que ella lo re-conoce como hijo, lo envuelve amorosamente y lo incluye en su filiación, generándose el fenómeno fundante del proyecto identificatorio, de esa identidad que acaba de nacer. La madre introduce al niño en su biografía de la cual ella es portadora y pasa a ser así parte de sí misma pues el pequeño es su descendiente.

Recordemos un hecho frecuente en sala de partos, cuando las madres reclaman "quiero verlo", “dejen que lo mire". Se trata de una necesidad básica de toda madre el mirar a su hijo y proceder así al acto de hacerlo hijo propio. Muchas veces la conducta del equipo perinatal, amordaza este hecho y por eso los psicólogos insisten en aconsejar que el pequeño no sea llevado para su higiene sin que antes la mamá le fije su mirada, en tanto está aún encima de su cuerpo de recién parida.

También hay muchas madres que se niegan a mirarlos, giran su cabeza hacia la pared, evitando el encuentro de la mirada con el recién salido de ellas, negándose al reconocimiento de ese niño como propio. Esta es una conducta que suele preceder al abandono, decidido ya con anterioridad. Por eso resulta totalmente inapropiada la conducta del personal médico o auxiliar en sala de partos, presionando a esta mujer a contactar con este niño que ella no acepta ni reconoce como hijo.

Un niño abandonado será un niño sin pasado. El acto de reconocimiento como hijo propio al recién nacido, está determinado por la historia de esa mujer con el padre de ese niño y con su propia biografía, sobre todo con su situación como hija.

Es necesario esclarecer un concepto en vinculación con este tema: deseo de maternidad o de embarazo, no es lo mismo que deseo de un hijo. Muchos embarazos se agotan en sí mismos, como una necesidad especular con su propia madre (ser madre como su madre). Este deseo de ser madre solo porque lo fueron con ella, resulta catastrófico para el niño, pues estas mujeres no poseen capacidad de aceptar lo nuevo, a tal punto que el nacimiento, como proceso que exige reconocer al recién nacido como alguien nuevo, es vivido por ellas como mortal.

Estas personas no pueden establecer una relación entre representación psíquica del niño que esperaban y el niño real que está frente a ellas. Por eso el acto de investimiento no se produce. El recién nacido se sitúa entonces fuera de su historia y pone en riesgo la totalidad de su construcción identificatoria.

Este "desenvestimiento" materno, es motivo posible del abandono, causa de graves problemas para el psiquismo futuro del niño, que le borran toda huella de memoria, dejándolo con un agujero de nada y a expensas de su pulsión de muerte, como producto del deseo del no-deseo de hijo, por parte de su progenitora.

El deseo de un hijo en una mujer, es el deseo con ese hombre que también lo gestó psíquicamente con su propio deseo, lo cual implica el reconocimiento de las necesidades de padre y de madre de ese niño, quien para poder humanizarse requiere de una vida en triangulación.




Todas estas situaciones descriptas, explican en parte el abandono de algunos niños y también el fracaso del 85 % de las técnicas de fertilización artificial. Se trata en este último caso de un proceso de forzamiento de lo natural, considerando a las personas como biologías y no como atravesados por su biografía.

Los traumatismos del encuentro entre la madre y su "recién salido" de ella, no sólo ponen en riesgo la salud del niño, sino que seguramente son las circunstancias que subyacen a muchos abandonos tempranos. Pero nada de esto excluye a todos los elementos de orden social, económico y familiar que también hemos considerado.

Muchos autores se ocuparon de estos temas. En nuestro país uno de los primeros en hacerlo fue el médico pediatra Florencio Escardó, el cual introdujo en nuestro medio la norma de internación conjunta de la madre con su hijo, en el hospital municipal de niños Ricardo Gutiérrez de la ciudad de Buenos Aires. Esto se extendió a todos los servicios asistenciales del país y del continente sudamericano. Este médico se había apoyado en el marco de los estudios de John Bowlby de la Tvistock Clinic de Londres, como también los de René Spitz, quien acuñó el término "hospitalismo", un particular síndrome de deterioro padecido por los niños internados sin presencia de sus familiares.

En nuestro país también se formularon teorías al respecto, algunas de las cuales con el transcurrir del tiempo fueron dejadas de lado por su corte reduccionista, como por ejemplo la concepción del supuesto "instinto filicida" de Ravskosky y sus seguidores, que justificaban así toda conducta de maltrato hacia los niños, inclusive la sucedido durante la dictadura militar argentina de los setenta.

Las consecuencias de las dos grandes guerras mundiales, dieron lugar al desarrollo de la investigación y las concepciones teóricas, en referencia a los niños que quedaron huérfanos. Entre ellos los realizados por Bowlby en Inglaterra, estuvieron centrados esencialmente en los efectos producidos en los niños por la separación con sus madres. Sus propuestas de la "pulsión de apego" no ligada a la libido, fueron influídas por el pensamiento del alemán Hermann (instinto filial), el inglés Balint (sentimiento oceánico) y también por las investigaciones psicogenéticas de Piaget en Francia.

Dicha pulsión se manifiesta en cinco conductas diferentes del bebé con su mamá: succión, llanto, abrazo, sonrisa, tendencia a ir hacia y prenderse de. Relacionando el apego y la pérdida, este autor formuló conceptos tan importantes que modificaron la concepción sobre los cuidados de los niños y la prevención en el campo de la salud mental. Bowlby parte de estudios realizados en la conducta animal de los primates, intentando demostrar que el apego del bebé humano no difiere de los lazos sociales de los animales.

Cuando estudia el comportamiento humano, la referencia a la etología animal, debería eludir ciertas ingenuidades simplistas. Sobre todo es importante reflexionar hoy acerca de la vinculación madre- bebé, entendiendo este hecho como la interrelación mutuamente determinante de dos sujetos, que además representan vínculos sociales y que implican la introducción del lenguaje hablado, inexistente en los animales.

Pese a ello, no se puede dejar de reconocer el valor de estas propuestas, por haber sido el primero en destacar la importancia del dolor del niño pequeño ante el abandono, la muerte o la ausencia prolongada de la madre.

En cuanto a René Spitz, descubrió la depresión anaclítica del lactante, generada como efecto de la separación con la madre, como también el síndrome de hospitalismo, cuando el pequeño permanece internado en un hospital o institución de minoridad. Los daños son mayores en tanto el niño es menor y más prolongado el tiempo de separación con su madre.

Ambos autores describen las conductas comunes registradas en las separaciones breves. Estas son:

· Reacción hostil contra la madre y resistencia en reconocería, luego de su regreso.

· Excesivas exigencias hacia la madre, buscando exclusividad, con intolerancia, celos agudos y violentos, trastornos del temperamento.

· Muestras de alegría superficial ante todo adulto que se mueva en su órbita.

· Apático resarcimiento de toda ligadura emotiva, combinado con balanceo monótono de todo su cuerpo y campaneo de cabeza.

Muchas veces nada de eso sucede, por un proceso de sobre adaptación forzada y mecanismo defensivo de negación de la ausencia materna. Los cuidadores se alegran ante la aparente "buena conducta" del niño, pero cuando sale y retorna a la casa, se produce un desmoronamiento violento. El niño se muestra indiferente, como si no reconociera a su madre, deja de hablar, solloza angustiado y desarrolla conductas regresivas diversas (pérdida del control de esfínteres, vuelta a la succión, etc.).

Efectos del abandono en los bebés

Según Françoise Doltó, el niño puede ser abandonado tanto por falta de deseo materno al no poder hacerse cargo de él, como a causa de factores socioeconómicos, salud deteriorada o muerte de la madre.

Hemos tenido la oportunidad de corroborar en nuestra experiencia clínica, algunas de las formulaciones de esta psicoanalista francesa. Una de ellas se relaciona con diversas anomalías neuromusculares y neurovegetativas, que pueden encontrar su origen en la ruptura dañina del lazo precoz con la madre, ya sea en el curso de la vida fetal simbiótica, como en la vida de lactante, dentro de la cual el equilibrio de la dupla madre-hijo, es esencial para su devenir humano.

Cuando una madre gestante pierde a un ser querido cercano, este choque puede hacerle olvidar temporariamente su hijo en el vientre y verse así afectado el vínculo simbiótico vital. No se trata de una hostilidad consciente de la madre con el feto, sino de un olvido casi antinatural, ya que cualquier mujer sabe lo que significa la presencia del hijo dentro de su cuerpo y lo inverosímil que resulta pensar el olvidarlo.

Se trata de un traumatismo poderoso en el psiquismo de la embarazada, que sacude hasta el sentido mismo de su vida. La experiencia muestra que la mayoría de esos niños fallecen por aborto, parto prematuro o patologías en el proceso del nacimiento. Es posible que sean además una causa determinante de la denominada "muerte súbita del lactante " y hasta del autismo infantil.



Los aportes antropológicos también nos han ofrecido elementos para la comprensión de todos estos hechos. En nuestras culturas andinas aborígenes, los que saben (los "yatiris"), describen un fenómeno llamado "mulla-phulla" (mal del susto), que se produce en la mujer encinta, cuando observa el cadáver de un ser amado. Se dice que entonces el niño nacerá con pérdida del alma, razón que lo deja a expensas de cualquier mal y podrá ser raquítico o morir de grave diarrea a los pocos meses o dentro del primer año.

Recordemos que el saber popular recomienda mantener alejadas a las embarazadas de la visión de la muerte, no asustarlas y hablarles de graves desgracias. Podremos coincidir o no con todos estos conceptos, pero para nosotros se convalidan por la coincidencia con lo que nos aporta el psicoanálisis acerca del funcionamiento psíquico. Uno de nosotros tuvo en su vida profesional la dolorosa experiencia de entrevistar a mujeres que parieron o permanecieron embarazadas, en los campos de concentración de la última dictadura militar argentina de los años setenta.

Ellas que estando engrilladas, encapuchadas y sometidas a vejaciones y torturas constantes, jamás olvidaron al ser que gestaban en sus doloridos cuerpos. Es mas, mantenían diálogos íntimos constantes con sus hijos gestándose, en un vínculo particular y muy profundo. Lo curioso es que muchas de ellas habían tenido problemas previos de fertilidad y con esta gestación no tuvieron ningún tipo de problemas y sus partos fueron totalmente normales. Ellas eran engañadas y soportaban todo con la esperanza de que luego del parto las enviarían a casa con sus niños o a ellos con sus abuelos. Sabemos dolorosamente de la cruel realidad que padecieron, la mayoría fueron arrojadas al mar y sus hijos entregados en adopción a sus propios asesinos y verdugos.

Este episodio, extraído de nuestra dolorosa historia reciente, es un ejemplo conocido por todos que nos permite corroborar que cuando un embarazo contiene al hijo como producto del deseo mancomunado de dos que se aman, no hay traumatismo ni violencia exterior que lo pueda hacer poner en peligro .La fuerza del deseo materno es la metodología más eficaz de sostén, retención y continencia del niño.

Por lo contrario, cuando esto no es así, es en vano que las enfermeras y parteras de los hospitales, obliguen a las puérperas a poner al niño al pecho, las culpabilicen o las acusen. Esto sólo dará lugar a situaciones desgarradoras. Ese niño carecerá de investimiento materno, quedando en un vacío relacional, sin ser reconocido como hijo y seguramente luego será abandonado o maltratado de mil maneras.

Cuando un niño es abandonado por una madre que muere en el parto, se produce la ruptura del primer vinculo humanizador. Tardará bastante tiempo en establecerlo con otras personas, las que tomarán el lugar de la madre fallecida. Lo doloroso es que la familia culpabiliza al niño por la muerte de la madre. Nadie lo dice, pero existe un marco de actitudes y sentimientos percibidos por el pequeño: amargas palabras rodean la cuna y llantos y sollozos ahogados a su alrededor, constituyen el triste escenario que enmarca el comienzo de esta vida. Françoise Doltó dice que si la madre había elegido antes del parto a una persona que la sustituyera en la función maternal, designándola con nombre y apellido (madrina), el niño poseerá mayor posibilidad de recuperación ante este traumatismo precoz. De lo contrario quedará en un blanco relacional, sin que pueda restablecer vínculo humanizador, descodificador de necesidades e inscribirse en un proyecto identificatorio.

Cuando una madre abandona a un niño durante la lactancia, este siente que ella se lleva el pecho que lo nutria, que el pecho ha partido con ella. De tal forma que la boca relacional, el lenguaje del bebé, su nariz, sus labios, la audición, los bronquios y la lengua, pierden la voz, el olor y el estilo táctil materno. Se suprime el vínculo en el cuerpo del niño de esa única adulta que hacía de mediadora entre él y la existencia humana.

Este proceso es un destete feroz y deshumanizador, donde la mamada deja de ser el placer conocido y reconocido de él-ella / ella-él. El narcisismo de este lactante queda profundamente herido, frustrado, fragilizado hacia el futuro. Esta herida narcisista puede ser leída desde dos vertientes:

· Como una amputación de una zona erógena que se ha marchado con la madre (olfato y deglución), lo cual hiere y altera la imagen corporal .

· Como la pérdida de la relación intrapsíquica, que ya existía entre la madre y el bebé.

Esta herida es irreparable y sólo puede encontrar alivio por palabras de personas en "acuerdo " con sus padres: hermanos mayores, abuelos, madrinas, padrinos.

En el abandono de lactantes hay un elemento de relación de sujeto a sujeto, donde sólo la palabra puede restablecer (de manera simbólica) la cohesión interna del niño. Aunque aún les cueste creer a ciertos muchos, los niños muy pequeños comprenden las palabras, cuando se formulen para decirles algo concerniente a ellos.




Una consecuencia habitual a esta muerte simbólica mutiladora por el abandono materno, es el retraso y defectos del lenguaje. Ante la adopción, la calidad de vínculos afectivos ofrecidos por sus padres adoptantes, es lo único que podrá sacarlo de esta aterradora soledad psíquica, que suele ser la causa de la invalidez del lenguaje y también del amurallamiento psicótico.

René Spitz describe al “síndrome del hospitalismo” y Françoise Doltó habla del "hospitalismo burgués", producido en niños cuyas madres los dejan en manos de niñeras o nanas que cambian sucesivamente, por lo general personas frustradas que suelen criarlos sin palabras dirigidas a ellos, que no sean referidas a sus necesidades fisiológicas, sin estima por los padres del niño, con rencores y hostilidades sociales, lo que cual es percibido por el chiquito. Por supuesto que no pude ser generalizado y que esta psicoanalista francesa desarrolló sus conceptos muy lejos de la realidad latinoamericana.

Cuando revisamos algunos textos acerca del abandono, en todos se reitera el concepto acerca de que un niño no debe sufrir y que por ello debe ser pasado a otros brazos maternos, en el marco de una adopción. Pasará así a experimentar el encuentro con otro regazo, uno no conocido. Por su parte la madre adoptiva se encuentra con un niño que no conoce, que no ha gestado ni parido, que no ha pasado de su útero a su regazo, sino que ha llegado de otro regazo hacia el suyo. El pequeño ser debe realizar un esfuerzo enorme de readaptación a un nuevo olor, una voz nueva, una diferente forma de sostenerlo y acunarlo, ritmos corporales y tonos cardíacos distintos.

Por eso es de fundamental importancia el asegurarle al niño, la certeza de que no volverá a ser víctima de otro abandono (posiblemente aterrador). Para ellos y por ello es esencial la intervención de la justicia y organismos de minoridad, con estudios especializados que busquen hacer la mejor selección de padres para ese niño desamparado, cuyo futuro tenemos en las manos. Para asegurarnos esto es que la reforma de la ley de adopción argentina, propone 60 días luego del parto, como período mínimo requerido para luego entregar al niño en adopción. Esto se debe a que luego del nacimiento la madre padece de un cuadro confusional que altera sus ideas y perturba la toma de decisiones tan importantes como la entrega de su niño.

Por esa misma razón se elimina el trámite de entrega directa del niño por medio de acta notarial, que se hace en esta etapa con riesgos del arrepentimiento y con todo lo que eso significa para el menor en riesgo. En virtud de esto es que sería importante disuadir las aspiraciones de los adoptantes a un bebé "recién parido", lo cual está al servicio de negar la realidad del niño no gestado.

Los aspirantes suelen decir "queremos que sea lo más chiquito posible, si es posible de horas, para hacerlo a nuestra manera. Estas afirmaciones dan cuenta de la necesidad del trabajo psicológico previo, de la elaboración de temas que alteran el proceso de la adopción, centrado en reconocer que el niño adoptado no está en lugar del no tenido biológicamente, pero además poder ser reconocido y aceptado en su especial situación de niño adoptado y no concebido.

Lic. Mirta Videla, Psicóloga
Dr. Alberto Grieco, Pediatra

Seminario de Especialización en materia de Adopciones
Consejo Nacional del Menor y la Familia

www.mirtavidela.com.ar
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Enrique Campoamor a las 9:10 a. m. | Permalink |


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