miércoles, 27 de junio de 2007
Adopción Internacional de lujo



Una viñeta humorística representa a la cantante Madonna rodeada de los accesorios de moda que la definen: un corsé con dos senos como un par de obuses, adornos y colgantes con símbolos cabalísticos y un precioso bebé negro con letreros estampados en la frente, en el torso y en los pies una etiqueta que pone: nombre David, país Malawi. Es un dibujo crítico alrededor de 'la ambición rubia' donde también en la caricatura está dibujada la terrible historia de un niño de trece meses. Un padre que después de haber enterrado a su mujer y dos hijos lleva al orfanato al único que le quedaba para darle al menos la posibilidad de sobrevivir. No tiene leche, nada, para alimentarle. También queda reflejada otra historia, la de la superstar que sueña con adoptar un niño que procede de un continente donde jamás había puesto los pies.

Existe además una historia colateral, la de un Gobierno que agradece a la multifacética estrella el haber prometido una ayuda al país de tres millones de dólares. Está por otra parte la historia que todavía colea, sobre si se han incumplido las leyes, haciendo de esta adopción una pesadilla para las fuentes oficiales a la hora de explicar el embrollo. Pero es ante todo una historia poco ordinaria para un niño malawí.

Hay más historias de figuras relevantes cuyas adopciones, realizadas en rincones del mapa exótico con destacados relieves de extrema pobreza, suscitan 'mosqueo' en general. Tendemos a verlas como caprichos de vanidades desbordadas, como divismo que busca llenar el terrible vacío, que se dice, dan la excesiva fama y dinero. Llueven las críticas, a ratos irónicas, a ratos ácidas, sobre las notoriedades que se dedican últimamente a 'coleccionar' hijos adoptivos en parajes lejanos. Pero hay quien reacciona como el pobre progenitor de la criatura de Madonna al que el corazón y la razón paterna decían que si el crío se quedaba en su tierra tendría nulas perspectivas de salir de la miseria. Yéndose, David «podrá elegir cuando sea mayor». Para el entorno del adoptado su caso fue un privilegio. En Occidente puede parecer una decisión cruel. Sin embargo, la mayoría de entre nosotros querría pertenecer a la 'colección' de los más privilegiados de los que pueblan nuestro privilegiado mundo.

Carmen Rivera
ElCorreoDigital.com
02/05/2007


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