miércoles, 27 de junio de 2007
Las elecciones confirman en Filipinas la inestabilidad crónica del país



Las elecciones al Senado y a la Cámara de Representantes del pasado 14 de mayo han confirmado las limitaciones y las carencias estructurales del país, pero al mismo tiempo han señalado ciertos avances dentro del panorama político-institucional de la nación. La Presidente Gloria Macapagal Arroyo ha conseguido evadir las posibles repercusiones negativas de la votación, pero deberá hacer frente durante los próximos tres años de mandato a las presiones de la oposición y a la precariedad que presenta el esquema social del país.

Tras la sangrienta campaña electoral, el pasado 14 de mayo los 45 millones de electores filipinos renovaron parcialmente las instituciones nacionales. Las midterm elections marcan tradicionalmente la primera mitad del mandato presidencial, y permiten cambiar la configuración política nacional a través de la elección de 12 senadores de los 24 que componen el Senado, y del nombramiento de la totalidad de la Cámara de Representantes (formada por 275 miembros). A éstas se sumaron otra serie de votaciones a nivel local, que muy a menudo están marcadas por la compra de votos y por la estructura arcaica de la sociedad rural. Esta convocatoria electoral ha sido interpretada por buena parte de la opinión pública como la prueba del apoyo que Gloria Macapagal Arroyo ha obtenido de los electores durante los tres años que han transcurrido desde su elección en el 2004. La Presidenta ha sufrido una dura derrota, además los numerosos fraudes y los asesinatos de políticos demuestran las escasas garantían que ofrece Manila en términos de estabilidad y de seguridad nacional. Los resultados de las urnas han definido una situación doblemente precaria: ya sea desde el punto de vista del orden público, como de las dinámicas institucionales. El país deberá seguir trabajando entre los cruentos enfrentamientos que afectan a la población y las duras batallas entre los diversos grupos políticos que sólo consiguen empeorar los viejos y numerosos problemas que caracterizan al país.

El resultado y las consecuencias de las votaciones

Los resultados de las elecciones, que se dieron a conocer tardíamente debido a la escasa organización y a las extraordinarias medidas de seguridad adoptadas por la comisión electoral, coinciden con las expectativas de las dos principales formaciones políticas: la Genuine Opposition (Oposición Genuina, GO) y el Team Unity (Unidad de Equipo, TU). El enfrentamiento político con ambas formaciones, en vez de centrarse en cuestiones ideológico-pragmáticas, se hace más fuerte cuando se abordan temas de menor importancia que de cuando en cuando es encuentran en el candelero de la política filipina.El primero de los grupos se caracteriza por sus continuos intentos de acabar prematuramente con el actual gobierno. Además, el GO hace continua referencia a al ex Presidente Estrada, que se encuentra actualmente bajo arresto domiciliario condenado por corrupción. El TU está compuesto por una coalición heterogénea de partidos que permiten a la Presidenta mantener una amplia mayoría. Arroyo es el elemento aglutinador de todo este entramado de agrupaciones políticas, y su líder más carismático y notorio.Por lo que concierne al Senado, el gobierno ha sufrido una significativa derrota. Tras el recuento de las papeletas, ocho de los doce puestos en juego fueron a parar a la oposición, dos para el TU, y los dos últimos para el grupo independiente. Es probable que los dos escaños asignados al grupo independiente se vuelvan a sortear ya que se han descubierto algunos fraudes en la isla de Mindanao que han sido determinantes para el resultado final de las elecciones. La derrota de Arroyo en el Senado es de gran importancia. De hecho, el sistema electoral filipino le confiere una mayor fiabilidad a la hora de conocer la opinión de la población respecto a la Cámara Baja, en la que por el contrario tiene más valor el voto a nivel local, un voto marcado por la venta de preferencias y por la corrupción. De este supuesto se deducen dos observaciones: en primer lugar ahora el GO posee el control del Senado gracias al éxito obtenido, lo que altera los equilibrios de la institución precedente dominada por la agrupación próxima a Arroyo. En segundo lugar, la votaciones han puesto de manifiesto el rechazo a la vigente administración. Las consecuencias son importantes para el ejecutivo, que además de tener que rendir cuentas a un país contrario a su línea política y a sus propios representantes institucionales, se verá obstaculizado por los senadores de la oposición. El GO contará desde julio en adelante (fecha en la que asumirán el cargo los miembros del nuevo Senado) con la posibilidad de bloquear las iniciativas que proponga la mayoría, y por lo tanto de paralizar las acciones del Gobierno. Esto, además de llevar a Arroyo a aprobar rápidamente algunas leyes importantes, obligará al futuro ejecutivo a negociar con la oposición y a modificar radicalmente su programa político perdiendo la autonomía política de la que ha gozado hasta este momento. Además, el GO podrá desviar a la política actual del cauce que ha seguido durante los último tres años e influir en las decisiones político-económicas que se deberán tomar hasta el 2010.

La Cámara de Representantes está bajo el control del TU, gracias a las redes de clientelas y dependencias que se pueden obtener de la votación a la Cámara Baja. De los 275 miembros de la nueva institución, aproximadamente 200 son fieles a la Presidente Arroyo. También en este caso sus implicaciones son dobles. Por un lado la Presidenta ha acabado con una de sus mayores preocupaciones, el ser sometida a un proceso de destitución, que debería ser votado por la mayoría de los diputados de la Cámara Baja. De este modo podrá eludir cualquier intento por parte de la oposición de obligarla a dimitir mediante esta fórmula. Hay otros dos precedentes de incriminación parlamentaria que no han tenido éxito: en el 2004 y en el 2005. En ambos casos fue esencial la intervención de Cámara. Estos acontecimientos hacen esperar que tanto Arroyo como su administración permanecerán en el poder hasta el final de su mandato. Por otra parte la mayoría con la que cuenta el TU en la Cámara obligará al ejecutivo a llevar a cabo un giro político con el objetivo de volver a ganarse el consenso popular que ha perdido durante los últimos tres años. En este caso se crearía una situación de colapso institucional caracterizada por las relaciones políticas estériles entre ambas formaciones políticas, que podría ser fatal para un país marcado por la presencia de peligrosos grupos armados y por la pobreza.

La violencia y los fraudes electorales

La otra cara de la inestabilidad nacional que ha puesto de manifiesto el resultado de las elecciones del pasado 14 de mayo, es el balance de asesinatos, atentados, amenazas y manipulaciones que ha caracterizado al proceso electoral.Tras el fin de la campaña electoral, las votaciones y el recuento, el número de homicidios ascendió a 150 y el de heridos a 200. De todos modos esto no coge por sorpresa a ninguno, ya que tanto los asesinatos como la prevaricación han estado presentes en todas las citas que el país ha tenido con las urnas (durante las elecciones del 2004 fueron 200 los asesinatos).Los enfrentamientos y los atentados más crueles tuvieron lugar entre grupos paramilitares al servicio de los principales candidatos, que tienen el objetivo de eliminar físicamente a los adversarios y de “invitar” a la población a votar por su candidato. Veinte candidatos han sido asesinados por estos ejército personales. El ejército regular de Manila, a pesar de intervenir en las zonas del país que están sufriendo este fenómeno, no ha obtenido demasiado éxito a la hora de realizar detenciones y de evitar atentados. A la violencia política se ha unido las acciones de desestabilización de las dos principales guerrillas que controlan una gran parte del territorio del país. Los rebeldes maoístas del New People's Army (Nuevo Ejército Popular, NPA) y los separatistas musulmanes de Abu Sayaff han tratado de sabotear y obstaculizar el desarrollo de las elecciones en las provincias en las que gozan de una mayor libertad de movimiento. Sus actividades no parece que hayan influido de manera decisiva en el resultado de las elecciones, ni siquiera a nivel local donde ha provocado un mayor número de victimas y de heridos. Por último se deben subrayar los episodios de dudosa regularidad, tanto durante las votaciones como durante los recuentos. Ha sido muy frecuentes las desapariciones de urnas o de papeletas, además de la corrupción bajo la forma de la compraventa votos.El gobierno de Arroyo no puede jactarse de haber contribuido a la creación del adecuado orden social, ya sea desde el punto de vista de la regularidad en las votaciones, o para la seguridad interna del País.

Conclusiones

El nuevo marco institucional puede resumirse en la permanencia en el poder de la agrupación capitaneada por la Presidenta Arroyo, a pesar de la debilidad que le impedirá llevar a cabo cada una de sus iniciativas. Filipinas se confirma como una nación insegura y marcada por la ilegalidad y la violencia, que no sólo comprometen su imagen a nivel internacional, sino también su capacidad para avanzar desde el punto de vista socio-económico.

Michele Tempera
Equilibri.net
11 junio 2007



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