jueves, 26 de abril de 2007
Filipinas: tan lejos, tan cerca

Calle de Intramuros

En la antigua colonia subsisten algunos vestigios de la presencia española bajo un estilo de vida propio de la globalización


Filipinas es un país singular en Asia y para España debería ser un país muy especial. No en vano los españoles pisaron las playas del archipiélago por primera vez en 1519 y tras algunas idas y venidas desde México, se quedaron definitivamente durante más de 300 años.

La presencia o el recuerdo de España en Filipinas es algo remoto en el mejor de los casos o directamente olvidado como parte de una historia lejana. Si amablemente te preguntan de donde eres difícilmente reconocerán o sabrán situar el nombre de España o Spain, pero Castilla (pronunciado Castila) sí que activará un resorte, al menos en los mayores, porque es la forma como se conoce en tagalo la antigua metrópoli.

Desgraciadamente de la presencia española quedan sólo ruinas y algunos edificios coloniales, principalmente las iglesias desde las que los misioneros impusieron al país el catolicismo.

Hoy, Filipinas es el único país mayoritariamente cristiano de Asia. En Manila, y a pesar de los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, los vestigios arquitectónicos se concentran en Intramuros, es decir, dentro de la muralla que los españoles construyeron para defender la ciudad.



El legado colonial también es visible en los nombres de la mayoría de filipinos y las numerosas palabras españolas, aunque con una grafía adaptada que salpican el tagalo. No se esfuerce en pronunciar los días de la semana o los números en inglés, hágalo en castellano y le entenderán perfectamente. Pero no se extrañe de que algún filipino se sorprenda de que en español los días se digan igual que en tagalo... El español dejó de ser idioma oficial en 1986.

Aunque Manila sea seguramente la única ciudad asiática donde podemos comer chocolate con churros o huevos con chorizo, no nos podemos engañar, lo pediremos en uno de los numerosos megamall, los grandes centros comerciales (mayores que los incipientes que se crean en España) a imagen de las gigantescas superficies comerciales norteamericanas.

El estilo de vida americano es el que triunfa, el que admiran e imitan los filipinos, desde la moda al sistema educativo, centros comerciales, música, ropa de marcas deportivas y fast-food de cadenas estadounidenses o de imitación. Seguramente Manila es una de las ciudades con más "dunkin-donuts" del planeta...

Todo ello en una capital donde convive pobreza y riqueza extrema en un inmenso caos. Uno de los mayores exponentes es el helicóptero utilizado desde el tejado del Hotel Manila por los más pudientes para evitar los grandiosos atascos y, por encima de todo, los secuestros de los que han sido víctimas algunos hombres de negocios.

Una sociedad similar a la americana también en el cariño a las armas. En los restaurantes y los bancos, un cartel en la puerta, vigilada por un guardia jurado con fusil de gran calibre, exige a los clientes que dejen sus armas en la entrada.

Pero por encima de las herencias dejadas por España y por Estados Unidos, el país que ejerció un auténtico protectorado sobre Filipinas, posiblemente la historia que realmente interese a los filipinos hoy es la que empezó cuando el líder opositor Benigno Aquino fue asesinado en 1983 al regresar a Manila. Empezaba entonces quizá la verdadera independencia de Filipinas al estallar en pedazos la dictadura de Ferdinand Marcos.

Etiquetas:

 

Enrique Campoamor a las 9:30 a. m. | Permalink |


0 Comments: