viernes, 17 de agosto de 2007
La vida inteligente del niño pequeño



Estudios muy recientes han demostrado que los bebés saben mucho más de lo que aceptábamos hasta el presente. En ellos se van construyendo comportamientos eficaces y duraderos en respuesta a lo que los adultos hacen a su alrededor.

Desde el primer año de vida el cerebro del niño se estructura a una velocidad vertiginosa. A las pocas de haber salido del vientre materno, los lactantes pueden comenzar a imitar expresiones faciales y al poco tiempo pueden reconocerlos rostros y las voces de sus padres. Esto antes no era reconocido porque los niños permanecían fajados, comprimidos y depositados la mayoría del tiempo en sus cunas, sus moisés o atados a la espalda de sus madres. Reinaba por entonces la teoría de “no levantarlos para que no se hagan mañosos” o de “no mirarlos mucho por temor al mal de ojos”. Eran niños poco mirados, poco tocados, poco estimulados.

Las cien mil millones de neuronas cerebrales, desconectadas en su mayoría en el recién nacido, comienzan a ponerse en funcionamiento al responder a las interacciones con el medio circundante. La sinapsis funcionantes se fortalecen y se establecen nuevas relaciones celulares. Hoy se sabe bien que de las características subjetivas de cada niño depende el nivel de velocidad de sus células cerebrales que determinan su vez sus reacciones de conducta y el nivel de sus emociones.

Cuando los padres y cuidadores juegan con los pequeños, les permiten aprender que cuentan con capacidades para influir en su entorno. Cuando no cuenta n con estos intercambios se transforman en chicos pasivos, con escasa curiosidad. En ellos la clásica pregunta del “porqué” tal o cual cosa, les está vedada.

Aun muchos estudiosos de la infancia siguen debatiendo acerca de que es mas determinante sobre la personalidad de los niños, si la naturaleza o la conducta de sus padres o cuidadores. Digamos que hoy por hoy tanto lo genético como lo ambiental pueden estimular u obturar el desarrollo e un ser pequeño. Los genes diseñan la coreografía básica sobre la que desarrollarán sus pasos los integrantes del ambiente amoroso y educacional que hará de ese pequeño a un ser humano.

Digamos que en términos del funcionamiento del cerebro, cada contacto corporal, cada movimiento y cada afecto emocionante, se transforma en una actividad eléctrica y química que altera la red de conexiones cerebral.

Por eso la interacción entre niños y familia o cuidadores, hacen de su crianza una formación de la subjetividad. Los besos, los abrazos, las caricias, las palabras amorosas, los cuentos que se le relatan y las respuestas a sus preguntas, son alimentos para sus cerebros, tan importantes como la calidad de la armonía en los sonidos, los exquisitos olores y aromas y una adecuada alimentación.

Cuando los niños pequeños carecen de todo esto, se producen auténticos “cortocircuitos cerebrales”. Sucede tanto cuando no es amado, mal alimentado, abusado, golpeado, abandonado o violentado psicológicamente. Se sabe que de esta forma se establecen menor relación celular y el cerebro se va anquilosando, con entorpecimiento del desarrollo evolutivo. Así lo habíamos remarcado en un trabajo anterior sobre “secuelas del abandono en los niños”, publicado en la página de Internet (www.mirtavidela.com.ar).

Asegura un trabajo de la UNICEF que “las neuronas no mienten”. Tal es así que hoy estamos hablando inclusive de una memoria celular, que registra experiencias primarias, aún uterinas, que poseen efectos trascendentes en la vida del niño y su integración sociofamiliar.

Los niños pequeños son receptores sensibles de todos los afectos familiares, no necesitan objetos ni juegos caros, que les otorgue nuestro variado mercado neoliberal, para desarrollar su inteligencia solo les hace falta el amor, la atención discriminada hacia su situación de niños/as, el respeto por sus necesidades básicas, el conocimiento y cumplimiento de sus derechos y el poder vivir en un ambiente seguro y saludable, donde la ternura circulante le brinde a su pequeño cerebro, los estímulos positivos para su bien-estar. Con eso basta.

Lic. Mirta Videla
Maternidad, mito y realidad



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Enrique Campoamor a las 12:14 p. m. | Permalink |


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