miércoles, 14 de mayo de 2008
Manila, oriente con un toque español




Caótica pero acogedora, la capital filipina va al rebufo de otras urbes asiáticas

Carteles con nombres en castellano, calles con reconocibles apellidos en español. El profesional que llegue desde España se sentirá extrañamente como en casa en el primer contacto con Manila. Rápidamente, tras sufrir el caótico tráfico (del que es imposible escapar) de la megalópolis, de más de 11 millones de habitantes, comprenderá que se encuentra lejos de una planificación europea. Miles de coches se cruzan de un carril a otro sin el más mínimo respeto a un código de circulación.

Entre los vehículos, un tipo llama especialmente la atención: el jeepney. Herencia de la ocupación de EE UU hasta la Segunda Guerra Mundial, los filipinos adaptaron los Jeep abandonados por los estadounidenses para utilizarlos como transporte colectivo. Los remodelaron y pintaron de llamativos colores para dar una de las imágenes más internacionalmente reconocibles de la ciudad. Aunque los estadounidenses dejaron algo mucho más útil en el país: su idioma. Los niños reciben las clases en inglés y esta lengua se utiliza en los negocios y por las clases mejor preparadas, una gran ventaja competitiva respecto a cualquier otra ciudad asiática.

La fortaleza de EE UU en la región todavía es evidente. 'Las cámaras más grandes son la estadounidense y la japonesa', asegura el presidente de la Cámara Española en Filipinas, José Romero-Salas, con un 20% de los socios de la entidad que son españoles y el resto con origen en la antigua metrópoli.

El primero en llegar fue el conquistador Miguel López de Legazpi en 1571 para fundar un enclave del imperio español (hasta 1898), con edificios coloniales, iglesias y centros de estudios, como la Universidad de Santo Tomás (1611). Tras la Segunda Guerra Mundial la ciudad quedó totalmente arrasada. De aquella época hispánica sólo queda la zona conocida como Intramuros -casi el único lugar turístico-, en la que se pueden ver algunas casas coloniales de los mestizos dirigentes, la Iglesia de San Agustín, la Catedral de la ciudad, el río Pasig (por donde entraban los barcos provenientes de China) y Fort Santiago, donde los españoles encarcelaron al líder de la independencia filipina: José Rizal.

De esa época queda un recuerdo poco perceptible para los filipinos. Un directivo español afincado en la capital del archipiélago cuenta una anécdota. Alguna vez, al oír su nombre, bien castellano, le han llegado a decir: '¡Qué nombre más filipino tiene usted!'. Aunque para algunas poderosas familias el castellano sea el lenguaje de la élite, España se ha diluido en un país en el que las clases populares nunca hablaron el idioma de la metrópoli, sino el tagalo. 'Fundamentalmente sobrevive una forma de entender la vida, una serie de ethos y estética que la diferencia de los demás países de la región', explica el filipino José Ricardo Molina, director de Fundación Santiago. Esta ONG, cuyo patronato lo forman los descendientes de las ricas familias coloniales, tiene como objetivo reducir la pobreza apoyando a empresas relacionadas con el patrimonio histórico.

Pero la ciudad no mira al pasado, si no al futuro de la globalización y sigue la estela de otras ciudades asiáticas hacia el crecimiento, aunque Filipinas nunca haya sido un dragón, ni Manila se encuentre entre las punteras del continente. 'No es ni Hong Kong, ni Singapur, ni Macao, ni las efervescentes ciudades del litoral de China', asegura Molina. Pero sorprende el potencial de crecimiento de la megalópolis.

En cada uno de los centros financieros de las 15 urbes que forman Metromanila se elevan decenas de rascacielos, terminados o en construcción. La ciudad de Makati es, con diferencia, el verdadero núcleo económico y comercial de la metrópolis, y donde se asientan gran parte de las multinacionales presentes en el país, que apuestan por el potencial de los recursos humanos de bajo coste. Allí se puede ver a los empleados literalmente enganchados a sus móviles de última generación para enviar decenas de SMS al día.


El paraíso de los centros comerciales

Para quien busque un lugar bonito, Manila no es su ciudad. Para los turistas es, en gran parte, un destino de paso hacia las playas y demás islas. ¿Qué se puede hacer, entonces, en la capital del archipiélago? Sorprende el elevado número de gigantescos centros comerciales o malls -en inglés- donde los habitantes de la capital pasan parte de su tiempo de ocio.

Todas la tiendas de firmas de moda imaginables poseen tienda en Manila. Entre ocho y diez millones de filipinos trabajan en el extranjero, cuyas remesas son el motor del consumo interno. Shoe Mart, Ayala Malls, Robinson's, Asia Mall, Tiendesitas o Megamall son centros donde encontrar desde comida (como los largos fideos llamados pánsit), artesanía, moda, las muy baratas perlas del Mar del Sur o cualquier ganga made in China. Cuando se harte de los malls tiene decenas de restaurantes de lujo a un muy buen precio, sobre todo e n los hoteles de lujo. Si se quiere relajar también son conocidos los spas para masajes. Y si tiene la suerte de conocer a alguna acogedora familia filipina, prepárese para hablar de política (el pasatiempo nacional), de baloncesto (¡no el fútbol!) y a terminar cantando en un karaoke casero.


Hoteles. El gran lujo asiático a precios asequibles

'Esto no lo encuentras en España', asegura un directivo español a la entrada a un hotel de la capital filipina. Vestíbulos amplios con grandes alfombras, lámparas palaciegas, sonrisas imperturbables, sir o madam permanente en el trato, gran cantidad de recursos humanos para cada cliente, bufés con estatuas de hielo y langostas, grandes suites o piscinas paradisiacas. ¿Quién da más? Y todo a precios mucho más competitivos que en Europa.

Entre los mejores hoteles de la ciudad se encuentran el Intercon, el Península, el Shangri-La (de la ciudad de Makati y el de Pasig), el Mandarín y el Rannaisance. Si, en cambio, se piensa en apartoteles destacan el Fraser Place y Linden Suites. Una noche en habitación doble en el Shangri-La de Makati ronda los 200 euros.

Salir de Manila para disfrutar las oportunidades de ocio, ecoturismo, turismo cultural, sol y playa es imprescindible. Pagudpod, Vigan, Tagaytay, Boracay, Cebu, Bohol o Davao son los destinos favoritos. Sólo aparece un problema: llegar hasta Filipinas es más caro que a Vietnam o Tailandia.

Alfredo Roca tiene claro que todavía le queda un largo tiempo por delante en Manila. Con 36 años, lleva seis en la ciudad y ya ha fundado su propia cadena hotelera con capital filipina.

Antes de trasladarse al archipiélago tropical vivió en Shanghai (China), trabajando para la cadena Barceló, que finalmente le destinó a Manila. Hace cuatro años fundó junto a otros tres españoles Fuego Hotels, donde promocionan 'lo español', algo que vende muy bien, según Roca, 'por el cariño brutal que nos tienen los filipinos'.

La cadena está enfocada a un turismo de alto poder adquisitivo. 'Aquí todo o es superlujo, el gran lujo asiático, o muy sencillo'. El puñado de propiedades de la cadena hotelera están situados en zonas costeras paradisiacas. 'Hay 7.300 islas en este país, cada una de ellas maravillosa', asegura Roca. Los hoteles combinan el lujo con 'una mano de obra barata', con una diligencia oriental en el servicio, 'siempre con una sonrisa, con gente muy simpática'.

Roca explica que en Filipinas 'está todo por hacer', con grandes carencias de infraestructuras y servicios. Cuenta como anécdota que cuando abrieron uno de sus primeros establecimientos, en una espectacular zona costera, se encontraron con que no tenían teléfono. '¡Cómo un hotel iba a funcionar sin teléfono!', se lamentaba. Son las dificultades del lugar. Pero que lo convierte en un buen sitio para empezar de cero, con mercados creciendo a ritmo de dos dígitos. 'Es un país maravilloso, con grandes oportunidades'.

El directivo de Fuego Hotels es además vicepresidente de la Cámara de Comercio de España, donde muy pocas empresas están presentes. A la pregunta de si la colonia de españoles es importante, responde que hay alrededor de 3.000 censados, 'pero si restamos a los sacerdotes y a los descendientes de españoles, realmente no hay ni 100 trabajando aquí'.

How are you?'. El primer saludo en el despacho de Juan Miranda, director general del Banco Asiático de Desarrollo (ADB, en inglés), en la capital filipina es en inglés, su idioma oficial en la institución. Le cuesta unos segundos cambiar al español, pero cuando lo hace, se le nota relajado y en confianza. Este coruñés de 51 años se encuentra en el segundo periodo de su vida en Manila y trabajando para la misma institución. La primera vez que llegó a la ciudad asiática fue en 1987, convirtiéndose en el primer español que trabajaba en la entidad. En 2004 volvió al banco y a la metrópolis, un lugar 'donde se vive muy bien'.

Desde 1987 ha trabajado en The Economist, abrió la primera oficina de Banesto en Hong Kong, fue director general en el Banco Europeo de Reconstrucción de Europa del Este, después en banca de inversión y fue cofundador de la firma Nmas1 de capital riesgo. 'Pero me cansé'. Una llamada del banco para que regresara la vio 'con cierta nostalgia', así que volvió con la misión de liderar un grupo de trabajo para establecer reformas en la entidad. Así que de nuevo está en la pequeña onu de empleados expatriados, una colonia -que incluye a ocho españoles-, bien conocida en la capital.

Conocedor de Asia y del sector privado de su país natal es tajante cuando afirma que una multinacional española 'no va a sobrevivir sin estar presente en el mercado asiático'. Cree que es el momento oportuno para establecerse en estos países, porque son mercados emergentes donde se consigue más retorno. 'Tenemos valor añadido en muchos sectores', asegura. Ve un mercado enorme para la banca, los servicios financieros, los seguros, las empresas concesionarias de servicios como Ferrovial, Abengoa, compañías de autopistas, de energías renovables o de gestión de residuos. 'Los sistemas legales son seguros. No veo donde está el riesgo', responde ante los las incertidumbres del continente. 'Estamos perdiendo el hueco que va a ocupar otro. Cuando queramos venir ya no estaremos a tiempo'.


Las cifras

1 euro cuesta un trayecto medio en taxi en la ciudad.

800 euros es el precio a partir del cual se pueden encontrar vuelos de ida y vuelta a Manila.

60,5 pesos, la moneda local, se consiguen al cambio por cada euro.

6,3% es la cifra de desempleo oficial (dato de octubre de 2007), pero según los expertos no contabiliza a gran parte de los parados.

7,5% aumentó el producto interior bruto en Filipinas durante el primer semestre de 2007


Empresas españolas

Son muy pocas las compañías españolas instaladas en Filipinas. Soluziona, Mapfre o Getinsa son algunas de ellas. San Miguel es un caso atípico. La cervecera nació en Manila, en el barrio de ese nombre, y posteriormente los fundadores llevaron la marca a España.



Alfonso Simón
CincoDias.es

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Enrique Campoamor a las 10:18 a. m. | Permalink |


1 Comments:


At 11:49 p. m., Anonymous Anónimo

Soy familia de uno de los "Ultimos de Filipinas" es un tio de mi padre y le gustarñia saber algo de él y su familia, se llamaba Tomás del Río González, su mujer se llamabs Ventura pero no sabemos su apellido, tengo también los nombres de sus hijos. Os agradfecería si me dijerais algo o me indicarais donde poodría dirigirme.Mi correo es: Canela4853@hotmail.com