miércoles, 11 de junio de 2008
La vinculación familiar



Beatriz Sanz impartió una conferencia en el Centro Cultural del Matadero de Huesca


“Los adultos tendemos a ver la adopción como un camino muy largo de burocracia y de incertidumbre, que culmina con la felicidad de la llegada de ese hijo tan deseado a casa. Pero desde el punto de vista del niño, este momento, en realidad es muy desconcertante porque él está acostumbrado a su ambiente y rutinas. De repente llegamos nosotros, unos extraños, que lo sacamos de todo lo que conoce y lo trasportamos a sitios distintos”, explicó ayer la periodista, escritora y madre adoptante Beatriz San Román, durante su conferencia titulada, “Adopción, familia y escolarización”, en el Centro Cultura del Matadero, de Huesca.

Además, indicó que este hecho se ve acentuado cuando se trata de un adopción internacional porque “vamos a un hotel, a un avión, una ciudad nueva y él no está acostumbrado a ver el tráfico, la gente y las luces. Por esto que al niño le cueste asimilar este cambio y que sea un momento muy desconcertante, hasta atemorizador”

Añadió que “aunque positivamente su nueva vida va a ser mejor que la que dejó atrás, es inevitable que sienta dolor, rabia por haber perdido todo lo que había querido y conocido”.

La conferenciante destacó a lo largo de su ponencia que la adaptación del niño no consiste en cuánto tiempo va a tardar en hablar español como los demás chicos de su edad o en poder tener el nivel de conocimientos y de habilidades que se le suponen para su edad, sino el tiempo que tardará en aprender a confiar en sus nuevos padres y sentirse seguro en esta familia.

Para San Román “ésta es la verdadera adaptación, que comienza cuando el papeleo ha terminado. Siempre digo que la adopción nos convierte jurídicamente en familia pero que en la práctica, la sentencia del juez que dice que somos padres de ese niño, no cambia una realidad, que es que de la noche a la mañana empezamos a convivir. Él tiene que aprender a sentirse hijo y nosotros padres. Este proceso no es instantáneo. Tenemos que comenzar a funcionar como una familia, y eso requiere su tiempo”, recalcó.

Además, también habló de que es conocida por los expertos como la fase de ‘luna de miel’ de la adopción. Es decir, es muy habitual que al llegar a casa durante los primeros días, semana o meses, el niño no dé signos de que este cambio tan brutal le afecte. Parece que ha encajado rápidamente en el nuevo ambiente y un día el comportamiento del niño empieza a deteriorarse, a tener rabietas.

En este punto, los expertos en post-adopción insisten que eso que parece un retroceso es un avance porque el niño, que se ha mantenido a la expectativa, ya se siente seguro y se atreve a mostrar sus sentimientos. Según la ponente, este hecho es un claro signo de que el vínculo está comenzando a funcionar.

Además, también indicó que “los teóricos del apego establecieron que los cimientos de esta relación quedan fijados, en circunstancias normales, hacia los tres años, que es cuando el niño es más autónomo físicamente y ya se puede lanzar a explorar el mundo con la seguridad de que tiene detrás ese vínculo protector”.

En el caso de un niño al que la vida le ha enseñado que las personas que hoy le cuidan mañana pueden desaparecer, indicó San Román “que, teniendo en cuenta que todavía no tiene la capacidad de racionalizar lo que sucede, comprender que el amor es permanente y que nosotros siempre vamos a esta ahí de forma incondicional, es un proceso muy largo. Por lo que mi consejo es que los padres tengan muy presente que para crear este apego es necesario tiempo y paciencia. Muchas veces tenemos la ansiedad de que el niño se incorpore cuanto antes a la escuela para que no se aumente el desfase de conocimientos con los demás”.

La ponente recalcó que este es un error porque cualquier pedagogo sabe que la capacidad para aprender de un niño está en relación directa con su seguridad emocional. “La primera prioridad debería de ser siempre la vinculación familiar y después vendrá el proceso de escolarización”.

Para concluir, San Román citó las palabras de una madre adoptiva, que comentó que “puesto que nuestros hijos no han estado en nuestro vientre, la manera de compensar esto es piel, piel y piel”.

Carmen Luesma
eDiarioAltoAragon.es


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