martes, 30 de septiembre de 2008
Filipinas pone fin a 11 años de proceso de paz con el Frente Moro de Liberación



El Gobierno filipino puso fin ayer a las conversaciones de paz que mantenía desde julio de 1997 con el Frente Moro de Liberación Islámica (FMLI), la milicia islamista compuesta por unos 11.000 hombres que defiende la independencia de la provincia filipina de Mindanao. «Vamos a disolver la mesa de paz. No se necesita cuando se ha decidido finalizar las conversaciones con un grupo armado», afirmó ayer Jesús Dureza, portavoz presidencial, a la agencia Reuters.

Filipinas, el archipiélago de más de 7.000 islas que descubrió Fernando de Magallanes para la Corona de Castilla en 1521, mantiene desde finales de los 60 un conflicto con la provincia meridional de Mindanao. La mayoría de su población es musulmana, en un país en el que el 80 por ciento de sus habitantes es católico. Los enfrentamientos entre el Ejército y el Frente Moro han causado en estos 40 años más de 120.000 muertos y dos millones de desplazados.

El Gobierno de Fidel Ramos firmó un acuerdo de paz definitivo con el Frente Moro de Liberación Nacional en 1996, y un año después comenzaban las conversaciones con una escisión del Frente Moro, el FMLI. La negociación giraba en torno a una ampliación de la Región Autónoma del Mindanao Musulmán, para incluir unos 700 pueblos más que cabrían bajo la denominación de «tierras ancestrales» en el Memorando de Entendimiento firmado entre el Gobierno y el FMLI.


500.000 desplazados

Esta decisión fue recurrida ante el Tribunal Supremo por los gobernadores y alcaldes de las zonas afectadas -que quedarían bajo el control del FMLI-, muchas de ellas de mayoría cristiana. El 4 de agosto, el Alto Tribunal dejó en suspenso la firma del Memorando, una decisión que desencadenó en Mindanao una ola de violencia contra la población cristiana por parte de elementos radicales del Frente, según Afp.

El Supremo suspendió el acuerdo entre el Gobierno y el FMLI para dar más autonomía a Mindanao
Los ataques por parte de grupos incontrolados del FMLI -conocidos como «comandos perdidos»-, y la ofensiva del Ejército que ha seguido, han provocado decenas de muertos y han obligado a 500.000 personas a abandonar sus hogares. «Los ataques lanzados por las unidades del Frente Moro contra poblaciones constituyen violaciones graves del derecho internacional, por lo que sus autores deben rendir cuentas», declaró Amnistía Internacional el 21 de agosto.

La oleada de violencia hizo tambalear el alto el fuego declarado por las partes en julio de 2003. Y ahora, la decisión del ejecutivo de Gloria Macapagal de disolver su equipo negociador apuntilla el proceso de paz, para desesperación de los mediadores de Malasia que han facilitado todo el proceso durante cinco años: «La alternativa (a las conversaciones) sería más violencia a medida que se instala la desesperación», afirmó ayer Othman Abdul Razak, jefe del equipo mediador malasio, según Reuters. «Sólo espero que las dos partes ejercitan la máxima contención para preservar la paz, un objetivo escurridizo en Mindanao», dijo.

La violencia terrorista del Frente y las ofensivas gubernamentales han ahogado a la provincia de Mindanao, una de las más pobres del país que, a pesar de ser una zona rica en minerales -oro, cobre y níquel- y en gas natural (offshore), que no ha logrado atraer el interés de los inversores extranjeros.


Línea dura

Además, las organizaciones humanitarias han constatado el surgimiento de grupos de autodefensa civiles en varias poblaciones castigadas por los ataques del Frente, lo que no hace sino agravar la situación de violencia.

Numerosos analistas han mostrado su preocupación por la decisión del Gobierno, ante el temor de que Macapagal -defensora de una línea dura contra la guerrilla- haya decidido volver a la guerra. Manila insiste, en cambio, en que ha decidido cambiar las conversaciones directas con la guerrilla con un proceso de discusión con líderes de las comunidades musulmanes para encontrar maneras de superar el conflicto y sacar a la provincia de su retraso económico.

Borja Bergareche
ABC.es




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