miércoles, 8 de septiembre de 2010
El racismo sutil y cotidiano




Para quienes somos blancos, es fácil minusvalorar el impacto del racismo en el día a día de los que no lo son.

El nuestro ha sido un país casi exclusivamente blanco hasta hace muy poco tiempo. En 1970, las cifras oficiales de residentes extranjeros en España eran de un 0,7%, de los cuales la mayor parte procedían de países que hoy forman la Unión Europea.

Como consecuencia, ni las familias que hemos optado por una adopción interracial ni los profesionales encargados de formarnos hemos tenido referencias directas de lo que significa ser no-caucásico en nuestra sociedad. La mayoría de nosotros no hemos tenido un compañero de estudios, un novio o un cuñado que pudieran explicarnos sus vivencias, por lo que es fácil que se nos escape el alcance de los estereotipos raciales.


White Privilege

En el mundo anglosajón, se usa la expresión “White Privilege” (“privilegio blanco”) para referirse a los muchos privilegios cotidianos de los que gozamos simplemente por el color de nuestra piel, y de los que los hijos de la adopción interracial se verán privados. Veamos sólo algunos ejemplos:

- Si nos comportamos de forma normal en un espacio público, nadie asumirá que somos sospechosos o delincuentes en potencia.

- Podemos expresar libremente nuestra opinión sobre el gobierno o las leyes españolas sin que nadie nos interrumpa con un comentario como “Si no te gusta, vete a tu país”.

- Podemos establecer una relación de igual a igual con cualquier otra persona, sin tener antes que explicar por enésima vez nuestra historia personal.

- A la hora de intentar alquilar un piso o conseguir un trabajo, nuestros rasgos no son un factor que pueda jugarnos en contra.


De “monísimo” a “gentuza”

Si tu hijo tiene la piel oscura o rasgos asiáticos, antes de lo que te imaginas empezará a darse cuenta de que no siempre le tratan con el mismo respeto y delicadeza que a los demás. Mientras son pequeños, ya se sabe, “son monísimos”. Cuando caminan a nuestro lado llaman la atención, pero casi siempre en positivo. Cuando empiezan a caminar solos por la vida, la cosa cambia. Descubren con sorpresa que algunas discotecas les niegan el acceso, que los “seguratas” los miran con suspicacia, que cuando hay un altercado en plena calle, aunque no hayan hecho nada, son los primeros de los que la policía sospecha.

Aunque la idea nos desagrade y nos parezca injusta, nuestros hijos tropezarán a lo largo de su vida muchas veces con el racismo, una experiencia que nosotros no hemos vivido en primera persona. A veces será de forma evidente, otras de manera más sutil y soterrada. Es necesario estar atentos a cómo funciona y cómo se manifiesta para poder comprenderlo y dotarles de los recursos para hacerle frente.


Beatriz San Román
Adoptantis.org




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